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Morihei Ueshiba y Onisaburo Deguchi

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por Stanley Pranin

Aiki News #95 (Spring/Summer 1993)

Traducido por Jaime R. Rico

Si se puede decir que Sokaku Takeda ha proporcionado las bases técnicas para el desarrollo posterior del aikido, fue Onisaburo Deguchi, líder de la secta Omoto, quien ofreció las ideas espirituales claves que tocaron la fibra sensible del religioso Morihei. Esta segunda entrega de una serie de ensayos sobre Morihei del editor en jefe de Aiki News, Stanley Pranin, se concentra en la relación entre el fundador del aikido y Onisaburo, quien tuvo una influencia importante en el pensamiento espiritual de Morihei y la estructura conceptual ética del aikido.

El gran aumento de la religión Omoto al comienzo de este siglo fue producto de los esfuerzos de dos figuras carismáticas. La primera, su fundadora, fue una mujer campesina e iletrada llamada Nao Deguchi (1836-1938). La otra fue el excéntrico y enérgico Onisaburo Deguchi, quien fue la mente responsable del prominente aumento de esta poderosa y poco ortodoxa secta religiosa.

Nao Deguchi fue indigente a lo largo de la primera parte de su vida y hubo de afrontar las tragedias de perder a su marido y a varios de sus hijos a edad temprana. En 1896, a la edad de 56 años, empujada al borde de la desesperación, cayó en trance y llegó a ser poseída por un espíritu benevolente. La no escolarizada Nao comenzó a tomar notas dictadas que ella misma fue incapaz de leer. Sus escritos contenían revelaciones que atañían al mundo espiritual y a una continua corriente de crítica social. Se instaba a la humanidad a adoptar una nueva moralidad y revitalizar sus instituciones sociales. Su visión se basaba en un dios universal que consideraba a todos los seres humanos como iguales, una creencia que estaba en directa oposición a la religión Shinto del estado, la cual se centraba en la figura divina del emperador.

Nao ya había comenzado a reunir un séquito cuando Onisaburo apareció en escena en 1898. Estaba muy interesado en el chamanismo y había tenido también una serie de experiencias de trance durante las cuales se le reveló que su misión espiritual era convertirse en salvador de la humanidad. Onisaburo finalmente se casó con la hija de Nao, Sumiko, adoptó el apellido Deguchi y se convirtió en la fuerza dinámica tras el explosivo crecimiento de la joven religión Omoto.

Establecida en Ayabe cerca de Kyoto, la secta Omoto floreció en las dos primeras décadas del siglo veinte. En la época en la que Morihei hizo su visita inicial a la edad de 36 años a la sede central de la religión, los seguidores de la secta ya ascendían a cientos de miles.

En Diciembre de 1919, Ueshiba, entonces un residente de Shirataki-mura en el norteño Hokkaido, recibió un telegrama requiriéndosele su inmediato regreso a su ciudad natal de Tanabe ya que su padre estaba en estado crítico. Mientras pasaba en tren a través del área de Kansai, Morihei entabló, según parece, conversación con un pasajero acompañante quien habló de manera entusiasta de la religión Omoto. Habló de las hermosas enseñanzas de esta secta, de curas milagrosas, y de su carismático líder, Onisaburo Deguchi. El emocionalmente agotado Morihei decidió en el momento hacer un desvío a Ayabe y acabó pasando varios días allí. Mientras buscaba oraciones para la recuperación de su padre, rápidamente cayó bajo el encanto del compasivo Onisaburo.

Al regresar Morihei a Tanabe, descubrió que su padre ya había fallecido. Comprensiblemente, la muerte de su padre le dejó en un estado de depresión y, en un esfuerzo por encontrar una dirección espiritual, decidió trasladarse con su familia a la central de la Omoto en Ayabe en la primavera de 1920.

Bajo la dirección de Onisaburo Deguchi, Ueshiba se dedicó a la agricultura y al entrenamiento espiritual. El entusiasta y trabajador Morihei rápidamente se ganó la confianza de Onisaburo. Habiéndose enterado de las habilidades marciales de Morihei, el líder Omoto le animó a proporcionar instrucción en artes marciales a los seguidores de la religión. Esto condujo a la apertura de su primer dojo en su residencia privada, el Ueshiba Juku, donde enseñó las técnicas de Daito-ryu jujutsu que había aprendido de Sokaku Takeda. La reputación de Ueshiba creció ininterrumpidamente y los rangos de practicantes en el diminuto dojo Ueshiba aumentaron para incluir personal naval de la ciudad portuaria de Maizuru. Es fácil imaginar el orgullo que Onisaburo debió de sentir al tener tan habilidoso artista marcial entre los suyos. Una fotografía de Ueshiba en el interior de su dojo revela su sólido aspecto físico, similar a un tanque, y su tremenda fuerza física es casi palpable [ver foto, p.38, AN94]. La visita de Takeda a Ayabe en 1922 se cubrió en detalle en el último artículo [AN94]. Baste decir que ese periodo de 5 meses de intensivo entrenamiento bajo el exigente Takeda profundizó considerablemente el dominio de Ueshiba de las técnicas de Daito-ryu. Sin embargo, debido a la mutua antipatía entre Onisaburo y Sokaku, la última visita improvisada a Ayabe también resultó en una tirantez entre Morihei y su profesor de jujutsu que nunca pudo ser remediada.

Ueshiba puso sus habilidades marciales a prueba dos años más tarde, en febrero de 1924, cuando acompañó a Onisaburo como su guardaespaldas en un malogrado viaje a Mongolia, donde trataban de establecer una colonia utópica. Escaparon con vida por poco en esta ocasión, ya que quedaron atrapados en la red de las luchas militares y políticas de aquella región y terminaron en el bando perdedor. Deguchi, Ueshiba y el resto de partidarios fueron arrojados a prisión y se habían resignado a lo que aparentaba ser una muerte segura a manos de un pelotón de fusilamiento. La a menudo publicada fotografía del grupo de pie con grilletes fuera de la prisión, representa claramente su situación. Sólo la intervención del cónsul japonés en Mongolia fue capaz de salvar a Onisaburo y compañía. Fueron deportados y enviados de regreso a Japón bajo vigilancia de la policía japonesa.

Después de su regreso de Mongolia, Ueshiba fue gradualmente atraído lejos de Ayabe para enseñar su estilo de jujutsu en Tokyo para un número de personas prominentes, incluidos el almirante Isamu Takeshita y el anterior primer ministro Gombei Yamamoto. Después de diversas visitas a la capital para dar seminarios de artes marciales, se trasladó allí con su familia en 1927.

Esto de ningún modo significó el final de su asociación con la religión Omoto o con Onisaburo Deguchi. De hecho, tal fue la continua consideración de Onisaburo hacia Ueshiba que dispuso el establecimiento de la Budo Senyokai en 1932 bajo los auspicios de la Omoto. El primer presidente de la organización fue, no sorprendentemente, Morihei Ueshiba. Los dojos brotaron por todo Japón principalmente en áreas con grandes concentraciones de creyentes de la Omoto y las clases se impartían regularmente en Ayabe, Kameoka y la pequeña ciudad de Takeda. Takeda fue el sitio de un dojo especial donde practicaban muchos de los más fuertes artistas marciales. Se enviaron allí regularmente para enseñar, instructores del Kobukan dojo de Tokyo, incluidos Noriaki Inoue, Hisao Kamada, Gozo Shioda y Rinjiro Shirata.

Las actividades de la Budo Senyokai terminaron bruscamente como resultado del Segundo Incidente Omoto, el cual ocurrió en diciembre de 1935. Muchas de las propiedades de la Omoto fueron destruidas y la religión fue brutalmente suprimida por el gobierno militar. Onisaburo fue arrestado y condenado por alterar la paz y por el delito de lesa majestad. Ueshiba se vio obligado a esconderse durante un breve periodo de tiempo y, hasta el fin de la guerra, no pudo asociarse abiertamente con la religión. Los actos de Ueshiba al distanciarse de la religión durante este tumultuoso periodo fueron criticados por ciertos elementos dentro de la secta. Sin embargo, el apoyo abierto a la religión Omoto en ese clima político habría invariablemente destruido todo lo que había trabajado por construir.