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Aiki Jinja Tai Sai Festival

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por Gaku Homma

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Traducido por Fernando Román

Este artículo fue escrito unos días después del fallecimiento de Morihiro Saito Sensei. El festival Tai Sai, que se llevó al cabo el 29 de Abril del 2002, fue la última actividad pública oficial que presidió Morihiro Saito Shihan. Con este artículo quiero rendirle tributo al final de sus días.

El 23 de Abril del 2002, recibí una llamada telefónica desde Japón. Estaban requiriendo mi presencia ese año en el festival Aiki Jinja Tai Sai del 29 de Abril. Tai Sai es una gran festival que se realiza en el templo Aiki de Iwama, cada año para honrar al fundador Morihei Ueshiba. Sin dudarlo, empecé a hacer planes para viajar a Iwama, donde se realizaría el festival.

El asistir ese año al festival Tai Sai, fue muy importante para mí por diversas razones. La razón principal por supuesto, era el respeto hacia el fundador del Aikido, mi maestro Morihei Ueshiba. Para mí, Iwama es una parte muy importante de mi juventud. El asistir al festival Tai Sai de nuevo, me traería cosas para cerrar círculos en mi vida.

Otra razón importante para asistir, era que el Iwama Dojo Cho (líder del dojo de Iwama) , Shihan Aikikai (Maestro de maestros de Aikikai), Morihiro Saito 9° Dan, estaría presente. Saito Shihan fue el uchideshi (alumno interno) que mas tiempo permaneció con el fundador, y en ese momento era el cuidador del templo Aiki, desde la muerte del fundador en 1969. El templo Aiki y Saito Shihan, son símbolos de la historia del Aikido y herencia para los Aikidoistas de todo el mundo. Ese año, especialmente, Saito Shihan combatía una seria enfermedad, y fui a Iwama para apoyarlo. Saito Shihan me cuidó durante mi juventud en Iwama y me había visitado en Denver en tres ocasiones. Era mi turno para que humildemente le ofreciera mi apoyo.

El fin de semana de Abril, del 27 al 28, yo tenía en agenda un seminario de Nippon Kan en Denver, para recaudar fondos para ayudar al servicio de “comidas para personas sin hogar de la misión de rescate de Denver”. Cuando me invitaron al festival, pospuse el seminario una semana y viaje rápidamente a Japón. No fue una decisión muy difícil de tomar. La relación entre un maestro y su alumno es de la máxima importancia para mí. Mis maestros me llamaban. Tenía que asistir.

En compañía del presidente de Nippon Kan, Doug Kelly, volé a Japón el 27 de Abril. En cuanto llegamos al siguiente día, fuimos directamente a Iwama para hacer una visita doble. Me dirigí al templo del dojo e hice los votos llamados Kijo no hokoku en Japonés. Simplemente traducidos, estos votos son hechos por alguien que solía vivir en algún lugar, una manera formal de decir “he regresado a casa”. Después fuimos a visitar a Saito Shihan. Ya que le había visitado apenas un mes antes, estaba sorprendido y feliz de verme de nuevo.

La ceremonia comenzó a las 11:00 hrs. de la mañana siguiente. Llegamos temprano cuando todavía todo estaba en silencio. Las tierras del dojo estaban hermosas con la luz del amanecer, pasamos un buen rato disfrutando de esa belleza y tranquilidad. También tuvimos tiempo de dar nuestros respetos al Doshu (heredero del camino) Moriteru Ueshiba, conforme se preparaba para el día en la antigua sala de estar del fundador. Le dimos los buenos días desde los jardines que están fuera de dicha sala. Mientras se ponía de pie para abrir la puerta corrediza de papel, no pude evitar acordarme de la imagen del fundador cuando estaba de pie en ese mismo lugar. Aún cuando el día iba a estar sumamente ocupado para él, nos dio unos minutos para saludarnos.


La ceremonia Tai Sai con el Doshu

Todas las puertas corredizas habían sido desmontadas para la ceremonia. Esto no sólo permitió acomodar a los espectadores, sino que iba también de acuerdo con la filosofía Shinto de que un templo debía estar abierto, en comunicación con la naturaleza. El espacio ocupado por el templo es llamado honden. Originalmente un honden era sencillamente un espacio nivelado, acordonado donde las ofrendas eran hechas a los dioses. Más tarde, para proteger estas de los elementos, un techo se erigió sobre el espacio honden, pero la estructura permaneció sin muros. Eventualmente, muros y puertas corredizas fueron construidos, pero como en el templo Aiki, las puertas se construyen para ser desmontadas durante las ceremonias. A diferencia de las iglesias cristianas, que usualmente no tienen ventanas hacia el exterior, el honden esta abierto a los elementos de la naturaleza durante los rezos.

Cuando el fundador construyó el templo Aiki, comenzó con el okuden que es la casa de la deidad principal. El honden no era sino un espacio vacío al frente del okuden. El llamó a este espacio el dojo yagai, el cual significa “el espacio ceremonial exterior”.

Los sacerdotes que asistieron ese día fueron de la secta Shinto Omoto Kyo, la religión personal que tuvo el fundador en vida. Como es común en Japón, el fundador también practicó el Budismo, y parte de sus cenizas están en resguardo en el templo budista familiar de su pueblo natal, en Tanabe en la prefectura de Wakayama.


Los sacerdotes Omoto se aproximan al templo

Cerca de 1.000 personas de todo Japón asistieron al festival Tai Sai. La ceremonia por si misma duro una hora y media; esta culminó con una demostración de Aikido realizada por Doshu Moriteru Ueshiba. Esta demostración especial es llamada ho no embu ó demostración ofrenda.

Después de la ceremonia oficial y de la demostración, era tiempo de naorai o reunión para celebrar con comida, bebida y mucha comunicación. Bajo un claro cielo azul, las personas se reunieron en pequeños grupos en el suelo para un convivió al aire libre.


Doshu en Ho no Enbu

Yo estaba en compañía de Shigeru Kawabe Shihan, Shigemi Inagaki Shihan y de Hiroshi Isoyama Shihan. Tuvimos oportunidad una vez más, de conversar con Doshu Moriteru Ueshiba en una forma más relajada. Doshu me preguntó “Natsukashii desu ka (¿acerca de Iwama y Tai Sai?)” Esto se puede traducir de alguna forma como “¿Te trae recuerdos todo esto de tus días en Iwama?” Conversamos un rato acerca de la vida del fundador en Iwama.


Una conversación cálida y cordial con Saito Shihan en frente del dojo.

Morihiro Saito Shihan asistió a la ceremonia en una silla de ruedas. El también atendió el naorai donde los alumnos y los amigos se acercaron a visitarlo. Utilizaba una silla plegable de lienzo que le había obsequiado en Denver hace tres años. Decía que era cómoda en su confinamiento. Mientras platicábamos, sacó su reloj de bolsillo de su kimono. Después de verlo unos momentos, me preguntó si querría tenerlo. Aunque estaba profundamente honrado y apreciaba de verdad su ofrecimiento, el regalar el reloj de alguien, implica que quien lo regala, ya no tiene más necesidad del tiempo. Cortésmente rehusé el reloj, porque todos nosotros necesitábamos que Saito Shihan tuviese todo el tiempo posible.

El momento hizo audibles sentimientos que no fueron expresados con palabras. Estaba claro que Saito Shihan estaba encaminándose hacia su partida final. Aún su gracia y sentido del deber estaban presentes. Me dijo “Homma-kun, he terminado mis deberes… todos los acuerdos para hoy del festival Tai Sai han sido realizados. El pasto fue cortado, las cajas ordenadas. Todo está en orden, incluso el clima esta en buenas condiciones, haciendo todo perfecto”. Después de hacer una pausa por un momento, continuó con un volumen más bajo, casi para si mismo, “esto fue lo último”, lo dijo como con una entonación de aceptación.

Supe después por miembros de la familia, que al día siguiente del Tai Sai, Saito Shihan visitó al templo de su familia y la tumba familiar donde oró. El día después a su fallecimiento, mofuku (el kimono ceremonial de funeral), que había sido ordenado por el mismo Saito Shihan, fue entregado a su esposa y a sus dos hijas.


Saito Shihan, su hijo Hitohiro Saito Shinan y yo

He visitado Iwama con regularidad, desde mis días de juventud, pero no había asistido a ese festival y ceremonia desde hacía 33 años. Sentí que había viajado una gran distancia para estar ahí de nuevo. No solamente una distancia física, pero también en términos de tiempo y experiencias que he tenido en mi vida desde entonces. Cuando Doshu me preguntó si el festival me traía memorias o si me sentía nostálgico por Iwama, fue una pregunta difícil de contestar. Habiendo estado lejos tanto tiempo, sentía diferentes emociones.


Camino al templo

Justo antes de viajar a Japón en esta visita, había terminado un artículo acerca de la vida del fundador y su vida en Iwama. Utilicé muchas fotos que tome alrededor de 1968. Los pequeños arbustos que recuerdo aparecen en las fotos, son ahora árboles desarrollados y ofrecieron un lugar sombreado para las asistentes al festival. Las tsutsuji o azaleas, que otros estudiantes ayudaron al fundador a sembrar, ahora son de la talla de un hombre adulto y están completamente abiertas cual sombrillas. Los campos que alguna vez sembré con patatas y cacahuates, ahora son el hogar de cerezos de un pie de diámetro (0,3048 m).

Alumnos de todas partes se reúnen bajo los árboles que florecen, para recordar al fundador y brindar, deseándose salud y felicidad. Era una escena cálida con naturalidad. Se podía sentir el verdadero espíritu del Aikido en esta celebración. No había pláticas acerca de las políticas del Aikido, rangos, técnicas o diferentes filosofías. Era una reunión de puro corazón y espíritu. Ahora es momento, creo yo, de sentir de nuevo ese espíritu.

Hoy en día, al alcancé de un teclado, se puede tener acceso a cientos de comentaristas y analistas de Aikido. El mundo se ha convertido en un lugar mucho más pequeño. En algunos aspectos esto es algo bueno. Personas de todo el mundo vienen a Iwama a entrenar y vivir como uchideshi. Personas de diferentes culturas, estilos de vida, religiones e idiomas pueden visitar Iwama y sentir el espíritu que dejó el fundador en este lugar. El espíritu del Aikido – Amor.

Desde el fallecimiento del fundador, Saito Shihan ha estado con nosotros para mantener ese espíritu vivo. Necesitamos apreciar y entender lo que Saito Shihan ha logrado al preservar y transmitir este espíritu con sus cuidados. Incluso hoy, aún en una silla de ruedas él esta aquí, presidiendo los eventos del día. Todos los Aikidoistas deberían apreciar esto.


Aikido Doshu Moriteru Ueshiba, Shigeru Kawabe Shihan y yo.

Permanecimos en Iwama por dos noches. En la mañana de nuestro tercer día en Japón, después de habernos despedido, partimos para Tokyo. Al siguiente día nuestra llegada a Tokyo, visitamos los cuarteles generales de Aikikai en Hombu dojo. Observamos la práctica matutina, la cual comienza a las 6:30 a.m. Cuando Doshu está en Tokyo, imparte esa clase todos los días. Cada vez que estoy en Japón, trato de ir a presentar mis respetos a Doshu y al Hombu dojo. Tengo muchos recuerdos de Hombu dojo cuando viví con el fundador. En estos 33 años, las cosas en Hombu Dojo han cambiado por supuesto. El liderazgo ha pasado, primero del fundador a su hijo Kisshomaru y ahora a su nieto, Miriteru Ueshiba. Muchos años han pasado, pero mi respeto por Hombu dojo permanece igual.

A la mitad de la práctica Iimura Shihan entró al dojo. A sus 77 años, aún emana una poderosa presencia. Su keiko gi (uniforme de práctica) estaba desgastado por muchos años de uso, habiendo sido remendado meticulosamente muchas veces; con cuidado. Su hakama se había vuelto blanca en las rodillas y también tenía signos de haber recibido trabajos de remiendo. Recorrió el camino lentamente, saludando a los alumnos e invitados de la misma manera, con gracia y de una manera humilde. Se detuvo donde nosotros estábamos sentados, y formalmente en seiza (sentado formal sobre los talones), nos hizo una reverencia, saludándonos y agradeciendo nuestra visita. Sus modales y actitudes me recordaron al fundador. Como maestro de muchos, el iba más allá de la práctica, dando su apoyo a generaciones. Mirándole, sentí el Hombu dojo que recordaba. El encarnaba la gracia que recordaba de mis visitas en esos días que se han ido.

Sin decir una palabra, Iimura Shihan habló a través de sus modales y acciones. Su presencia es un ejemplo importante para todos nosotros, como estudiantes. Conforme le observaba, tuve la esperanza que los estudiantes que estaban en el tatami, fuesen lo suficientemente sabios como para entender lo que nos estaba enseñando. Como Aikidoka, siento que es importante que regresemos a la inocencia que hay en la práctica del Aikido, regresar al espíritu de donde parte la práctica. No es simplemente el alcance académico al que me refiero; el estudio del Aikido es una tarea sin fin. Es el recordar el espíritu original del Aikido. En nuestra época, hemos visto como se creo Aikikai y como el Aikido del fundador se ha extendido en todo el globo. Tampoco debemos de olvidar a la generación de alumnos del fundador que sirvieron como pioneros a esta causa. El mundo del Aikido les tiene a estos pioneros una gran deuda de gratitud.

Soy el dueño de un pequeño dojo independiente de Aikido. No soy un miembro de Aikikai o del estilo del Aikido de Iwama. Aún así, nunca olvidaré mi juventud y el profundo respeto a lo que experimenté.

Después del fallecimiento del fundador, hubo mucha reorganización política. En ese entonces, no me uní a ninguna organización de Aikido. Eso aún está vigente hoy, 33 años después. Con profundo respeto al fundador, me he enfocado a mi propio camino, pero no olvido mi pasado o las raíces de mi experiencia. En ese respeto, he mantenido una relación que me ha permitido haber sido invitado a eventos históricos en el mundo del Aikido, como el funeral de Kisshomaru Ueshiba, la entrada de su sucesor, Moriteru Ueshiba y este año, al festival Tai Sai en Iwama.

Hoy en día, muchos dojos se han vuelto independientes. Esto se debe a muchas razones, ya sean políticas, filosóficas, territoriales u otras. Pero ya sean independientes o afiliados, de alguna forma, todos practicamos Aikido. En este aspecto, creo que es más importante ver lo que nos es común en nuestra práctica y no nuestras diferencias. El reflejar de donde viene el Aikido de todos nosotros – un renacimiento del Aikido es de lo que hablo.

Aquellos con a los que me encontré en este viaje, han inspirado reflexiones en el shugyo (El camino de la práctica de vida). Saito Shihan, aún en una silla de ruedas permaneció diligentemente en su propósito hasta el final. Esto era lo grandioso de su espíritu. En Hombu dojo, Iimura Shihan agracia el dojo con su humildad y cordialidad, compartiendo realmente su sabiduría con los jóvenes durante la práctica. Doshu Moriteru Ueshiba, como líder mundial de Aikikai, permanece diligente y positivo enseñando cada mañana, todos los días.

Para algunos, la práctica del Aikido no es sino copiar las “recetas” de las técnicas. La experiencia de este viaje me reforzó que más importante que la técnica es lo que podemos aprender de las vidas que tienen personas como estas. Cada Sensei tiene un regalo que dar, con su sabiduría y su experiencia.

Cuando nos íbamos de Hombu Dojo, nos detuvimos momentáneamente en la oficina. Doshu estaba ahí y nos preguntó si nos regresábamos directamente a Estados Unidos. Nos regaló dos carteles de la presentación 40 de “All Japan Aikido” que sería realizada ese mes de Mayo, como souvenir.

Aikikai ha crecido rápidamente con los años, hasta ser una organización mundial. Es tan grande que muchas veces uno puede llegar a sentir que ha crecido un poco impersonal. Este agradable momento con Doshu antes de nuestra partida, me recordó que el “sentimiento hogareño” con Hombu dojo tiene tres décadas. La tradición aún esta viva en esta tercera generación de la familia Ueshiba. Con este espíritu, el futuro será brillante para el mundo del Aikido que está por venir.

Gaku Homma Nippon Kan Kancho

La versión original de este artículo puede ser encontrada aquí:
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