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Perfil de un Shihan: Mitsunari Kanai

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por Kazuo Chiba

Aiki News #26 (August 1977)

Traducido por César Martínez


El siguiente artículo fue preparado con la gentil asistencia de Jonathan Olson de los Estados Unidos.

A él le llaman “Hambei”, pero nadie sabe porque. Por muchos años una de sus características ha sido la de aparecer y sorprender a las personas en lugares y momentos inesperados. Si lo recuerdo bien, era una mañana al principio del otoño de 1959 o 1960 cuando el señor Kanai apareció frente a mi cuando yo estaba rociando agua en frente de la entrada del antiguo Hombu Dojo. Él y yo nos volvimos amigos muy cercanos durante nuestros días de juventud mientras nos la pasábamos desde la mañana hasta la noche inmersos en la práctica del Judo. Juntos leímos la novela “Sugata Sanshiro” de Tsunero Tomita* muchas veces.

El me criticó en el momento en que abandoné el Judo y defraudé nuestra amistad al “buscar refugio en el seno del Sensei Ueshiba como si fuera un pájaro asustado”. De un momento a otro, me había dado cuenta del Budo (distinto del Judo), siguiendo mi experiencia, un día mientras practicaba judo, fui retado a un duelo con espada y fui derrotado de manera inesperada, sin siquiera haber tocado a mi oponente. Al sentir algo inusual en mi viejo amigo quien había aparecido de manera repentina frente a mi esa mañana, le pregunté la razón de su visita. Al escuchar su respuesta, me dí por vencido. El dijo, “Se me ha pasado por la mente convertirme en uchedeshi de O-Sensei, pero no necesito tu ayuda. En lo que a mi me concierne nunca nos hemos conocido”. De acuerdo al proceso, y después de un severo periodo de prueba, el señor Kanai fue admitido como uchideshi, desde ese tiempo comenzamos a comer de la misma mano.

Ya han pasado mas de diez años desde que el se fue a Boston, sin temor y con su espada en mano. Ignorando los diferentes usos horarios, no creía lo que decía la azafata cuando el avión llegó “Mi reloj dice una hora diferente. Este no puede ser Boston!”. De una forma obstinada se quedó sentado en el avión y le tocó al Shihan Yamada, quien había ido a recogerlo, buscarlo de arriba abajo. El protagonista de esta anécdota es ahora quien dirige uno de los dojos de Aikido más grandes en los Estados Unidos y que se destaca con cientos de estudiantes.

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