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¿Puede la competencia realzar el Aikido de O-Sensei?

por Stanley Pranin

Aikido Journal #102 (1995)

Traducido por Angye Alejandra Bahena García

El arte marcial Aikido ha disfrutado de un crecimiento continuo desde su silenciosa introducción en Japón después de la Segunda Guerra Mundial y su posterior propagación hacia el extranjero. Mientras que el arte ha ganado mucho respeto por sus principios éticos, las técnicas del Aikido son criticadas regularmente por ser demasiado suaves y poco prácticas para ser utilizadas en un combate real. Frecuentemente he sumado mi voz a este coro y mantengo que la naturaleza casual de la práctica en muchas escuelas actualmente deja a los estudiantes con expectativas irreales de lo que pueden esperar lograr si sus habilidades fueran alguna vez puestas a prueba en un encuentro de la vida real. Aún creo que la práctica contra los ataques “ceremoniales” sin vida, sin la aplicación de los atemis y las técnicas de terminación convincente nos dejan verdaderamente vulnerables ante una situación de vida o muerte.

Habiendo dicho esto, el como continuar específicamente añadiendo un fuerte elemento de “realismo” al Aikido, es totalmente otra cuestión. Se han propuesto varias mejoras tales como enseñar técnicas de ataque, incorporar el uso libre del atemi, añadir técnicas de defensa propia, etc. Todo esto con la intención de compensar las deficiencias técnicas percibidas en el Aikido.

Otra de las más frecuentes soluciones propuestas a este tema espinoso, es la introducción de la competencia para añadir una dimensión realista y proveer una vía cuantificable para medir nuestras propias habilidades contra un oponente. Este argumento es a menudo enmarcado de tal manera que la medida de un sistema marcial se basa en como el practicante actúa, o como actuaría durante un enfrentamiento. Por ejemplo, si dos quintos dan, uno en judo y otro en karate se enfrentaran, ¿quién sería el vencedor? ¿Es el taekwondo superior al kung fu? Un aikidoka que no posee ningún entrenamiento complementario en otra disciplina, ¿puede defenderse contra un exponente de cualquiera de las otras artes marciales mas orientadas al combate? Tal especulación es interminable y no conduce a ningún tipo de consenso.

El ejemplo más claro del concepto de competencia aplicado al Aikido, es el sistema Tomiki, el cual fue inspirado filosóficamente por el pensamiento de Jigoro Kano, fundador del judo. Kenji Tomiki, un discípulo de la preguerra de Kano y de Morihei Ueshiba y un exitoso competidor de judo, desarrolló un sistema deportivo de Aikido que fue lanzado a través del club de Aikido del la Universidad de Waseda en los años 50. Los enfrentamientos de este estilo se conforman con un oponente armado con un cuchillo falso y otro que actúa como defensor. Después de un tiempo específico se invierten los roles y se cuentan los punto para determinar quien es el ganador. Además de las competencias, este sistema de Aikido deportivo incluye la competencia de katas. Tomiki Sensei hizo varias modificaciones a su sistema y, desde su muerte en 1979, sus estudiantes más avanzados han continuado bajo la bandera de la Asociación de Aikido de Japón. Existen tal vez más de cien escuelas y clubes alrededor del mundo que siguen el sistema Tomiki. Los resultados de este experimento continuo del Aikido competitivo han sido contradictorios, e incluso dentro de este sistema están aquellos que prefieren enfatizar los métodos de práctica tradicionales y que rechazan por completo los combates. El método Tomiki ha estado bajo el ataque de practicantes de otras escuelas de Aikido que sostienen que el principios de la competencia en si mismo está en contra de los principios centrales del Aikido. Debido a este hecho, el Aikido Tomiki permanece aislado, hasta cierto punto, de otras propuestas más clásicas.

Otros dos estilos de Aikido más ampliamente practicados han adoptado la competencia, aunque en un grado limitado, junto con las demostraciones. Ambas organizaciones de Aikido la Yoshinkan y la Shinshin Toitsu dirigen demostraciones en donde los participantes son clasificados de acuerdo a su actuación, basándose en la ejecución de la técnica, el balance, la habilidad para armonizar, y otros criterios semejantes. Los ganadores reciben premios al final del evento como en otros deportes. La clase de “competencia amistosa” que esta propuesta ha engendrado parece motivar a los ejecutantes a intensificar su práctica, por lo menos como preparación para estos eventos. Mi impresión es que los puristas del Aikido que rechazan la propuesta Tomiki no están particularmente preocupados por las incursiones dentro de la competencia del Yoshinkan y de la Sociedad Ki ya que ninguno dirige enfrentamientos o combates que ponga a dos oponentes uno en contra del otro. Sin embargo, dudo mucho que este tipo de competencia sea suficiente por si misma para satisfacer a aquellos que reclaman reformas al entrenamiento que estén diseñadas para dotar de “dientes” a las técnicas del Aikido y volverlas efectivas durante una situación real de autodefensa.

Otro intento para restaurar la dimensión de “Aiki-budo” del Aikido a través de la introducción de la competencia, ha sido recientemente lanzado por Fumio Sakurai. De acuerdo a Sakurai, uno de los primeros shihan del Aikido Yoshinkan, el Aikido debe redescubrir sus raíces y debe practicarse con vigor como en los días de la preguerra. El recuerda el riguroso entrenamiento de su profesor, el último Gozo Shioda en el “Dojo del Infierno” del fundador del Aikido Morihei Ueshiba en los años treinta. Como un esfuerzo para alcanzar esta meta, Sakuraki ha empezado la experimentación con una nueva forma de competencia en la cual, dos oponentes se enfrentan en un combate de manos vacías. Cada competidor usa protectores que cubren las rodillas, la espinilla, y los pies, las patadas están permitidas. No obstante se prohíben los puñetazos, los golpes en la cara, las patadas al exterior de la rodilla, ataques en las ingles, y cualquier otro movimiento peligroso.

Recientemente asistí a un torneo inaugural de Aikido de Sakurai-ryu, como se le conoce a este nuevo enfoque de Aikido, el 15 de septiembre. Diez y seis competidores participaron en este torneo ínter club y, con una o dos excepciones, no había ningún aikidoka que tuviera experiencia en torneos. La mayoría de los ataques eran muy inciertos ya que los atemis no estaban permitidos, y aquellos que se desempeñaron mejor obtuvieron puntos al acortar la distancia con sus oponentes. Solamente observé una o dos técnicas de Aikido puras, un kotegaeshi y una llave en el brazo. El ganador de la división de peso pesado fue el más alto, musculoso y el mejor atleta entrenado de todos. Sin embargo, durante el torneo sufrió una lesión que lo mantuvo fuera durante varias semanas.

El reto para los defensores de Tomiki y para la gente como Sakurai Sensei quienes apoyan la competencia, es la preservación de los atributos esenciales del sistema taijutsu de Aikido bajo principios éticos específicos, e idear un deporte que sea seguro e interesante para los espectadores. ¿Y si las reglas y la naturaleza de la competencia en si misma no fomentan la ejecución de las técnicas del Aikido? ¿Cómo evitar que el objetivo de “victoria sobre todos”- clara antítesis de la visión de Morihei Ueshiba- se convierta en el principal incentivo de los participantes para competir, como sucede en muchos otros deportes? Si estas condiciones no son satisfechas por estos deportes inexpertos, entonces ¿Qué justificación existe para llamarlos “Aikido”?

Como resultado de nuestra promoción en Aiki News de las actividades de Sakurai Sensei en el idioma japonés, recientemente he sido invitado para asistir a dos torneos de combate que presentan a exponentes del popular sistema Gracie jujutsu. Durante el primer torneo, Rickson Gracie ganó fácilmente sus tres enfrentamientos derribando a sus oponentes, más grandes que él, aplicando un estrangulamiento decisivo. Todo terminó en cuestión de segundos. Ésta es la marca registrada de su sistema único, el cual ha obtenido una difusión y una merecida reputación debido a su efectividad bajo las condiciones del enfrentamiento.

Lo que más me impresionó fue la facilidad con la que Rickson derribó a sus adversarios y cómo sus victorias terminaron sin lesionar a ninguno de sus oponentes, ni a si mismo. ¡Esto debería llamar su atención! Dos de los ganadores de otros combates se fracturaron las manos durante el proceso y sus victorias fueron en comparación, sangrientas y carentes de arte. El Gracie jujutsu seguramente será de interés para muchos aikidokas, debido a su acercamiento humano y su efectividad en ciertos escenarios de combate. Los máximos exponentes de este sistema son expertos en agarres y el conocimiento de esta habilidad sería verdaderamente complementario para cualquier arte marcial. Entre paréntesis, tendremos una entrevista con uno de los hermanos Gracie en un futuro cercano y nos esforzaremos en presentar con detalle a este arte marcial innovador.

La oportunidad de asistir a estos torneos, fue una verdadera revelación para mí, viniendo como yo, del mundo del Aikido. Con excepción de los combates de Rickson Gracie, encontré que la mayoría de los enfrentamientos eran animalistas y, francamente, repulsivos. Me parece que se les pedía a los competidores desarrollar una actitud particular para salir bien en tales competencias. Dichos peleadores deben aprender a ser agresivos y despiadados, e intentar explotar las reglas completamente para alcanzar la victoria. Dudo que tales rasgos de carácter puedan encenderse o apagarse fácilmente. Igualmente me pregunto si estas actitudes, tan profundamente inculcadas como lo están a través del entrenamiento riguroso, puedan llegar a dominar la personalidad de un atleta y pueda mostrarse esta tendencia en las interacciones personales. Considero que la naturaleza controlada y armoniosa de la práctica del Aikido – incluso si no puede prepararnos para un combate de torneo – es preferible a esos otros estilos de combate extremos, desde el punto de vista del aprendizaje para vivir pacíficamente en sociedad.

También noté que estos atletas, muchos de los cuales aspiran volverse profesionales, viven con un constante miedo a lesionarse. En varios enfrentamientos era obvio que se diseñaron ciertas maniobras defensivas para proteger a alguna parte vital del cuerpo de los ataques. A pesar de que las lesiones fatales no son frecuentes en estos torneos, la acumulación de castigos corporales durante un periodo de tiempo puede dejar a una persona con problemas médicos serios, discapacidad, por no mencionar el perder nuestro medio de vivir. ¡Las sombras del boxeo y del football!

El ver estos torneos me puso a pensar en ciertas cosas que no había explorado anteriormente. Me pregunté a mi mismo, por ejemplo, ¿los vencedores de estos combates demuestran una habilidad para someter a un oponente en una situación “real” al superar a sus rivales en el ring? Seguramente había artistas marciales hábiles en la competencia. Sin embargo, a pesar de que los primeros combates que vi fueron instituidos bajo el criterio “nada se prohíbe”, de todas formas los oponentes lucharon dentro de los confines de un ring. Había un solo adversario, sin ningún elemento sorpresa, y naturalmente, ningún instrumento o arma de fuego figuraba en las peleas. Así, a pesar de tratarse de una situación “todo se vale” en lo que concierne a los enfrentamientos, las condiciones estaban muy lejos de la realidad.

Incluso las maravillosas habilidades mostradas por Rickson Gracie no proporcionaron ninguna pista de cómo manejaría una situación “real” en contra de múltiples atacantes que estarían más que probablemente armados. Obviamente sus probabilidades serían mayores que las de una persona sin entrenamiento, pero en una confrontación que involucre armas de fuego – la situación más temida por los ciudadanos promedio – es una cuestión completamente diferente, hablando tanto táctica como psicológicamente.

Resumiendo mis pensamientos sobre este tema, dudo seriamente que los posibles “samurais” del siglo veinte puedan encontrar una solución satisfactoria a su búsqueda de la máxima efectividad combativa a través de la competencia en las artes marciales. Más bien creo que las habilidades necesarias para convertirse en un guerrero sin igual en una sociedad moderna, son muy diferentes de aquellas de tiempos más remotos y simples durante los cuales se desarrollaron estas artes. Los guerreros actuales son gente como la policía y los instructores de la élite militar quienes contribuyen con la sección “enfrentando la violencia” de Aikido Journal. Estos individuos dedicados tienen un vasto conocimiento de las manifestaciones del comportamiento violento y saben que hacer al respecto. Ellos traen a su trabajo un comportamiento detallado de las armas, las tácticas, y de la psicología. Son hombres qua han visto a la muerte a la cara en numerosas ocasiones y que no pueden dejar de estar alertas ni siquiera por un momento en el cumplimiento de su deber.

La principal contribución del Aikido al enriquecimiento de las vidas individuales no reside en los mecanismos de las técnicas sino en su capacidad de transformar y elevar el espíritu más allá de un plano del pensamiento dualista. Realmente creo que aquellos que buscan “el máximo sistema de combate” están destinados a perseguir por siempre una ilusión.