Aikido Journal Home » Articles » Morihei Ueshiba, Fundador del Aikido (15) Aiki News Japan

Morihei Ueshiba, Fundador del Aikido (15)

Available Languages:

por Kanemoto Sunadomari

Aiki News #86 (Fall 1990)

Traducido por Fernando Gómez

Onisaburo Deguchi, líder de la religión Omoto, Morihei Ueshiba, y su pequeño grupo se aventuraron en un viaje peligroso a Mongolia donde es aclamado como un santo y un salvador, y realizaba curas milagrosas.

Entrando en Mongolia

Aproximadamente a las cuatro del tres de marzo, Onisaburo, Okazaki, Ueshiba y Ogenki (lectura japonesa del nombre chino) llegaron en coches separados que pertenecían a O-juto y abandonaron Hoten (Fen Tien) para ir a Teikaton. Se suponía que esperarían dos o tres días para recibir un salvoconducto para Ro Sen Kai, pero Tesshu Okazaki insistió tanto en que el pase era innecesario que partieron sin él. Pasaron por tierras montañosas que habría sido mucho más fácil atravesar en tren, cruzaron el río Liao, y penetraron en un peligroso territorio de bandidos. Sus coches se averiaron, estuvieron expuestos a vientos helados, e incluso hubo momentos en los que estuvieron a punto de caerse por los barrancos. Tenían que apagar las luces por la noche como precaución contra los ataques de los bandidos y parar cada hora para revisar los coches. Los reparaban si algo iba mal y partían de nuevo, continuando con su rápido avance hacia el norte, por caminos que sólo los caballos habían utilizado antes, a través de ríos y campos.

Finalmente llegaron al Castillo de Kaigen el cuatro de marzo, mientras reparaban sus coches, se encontraron rodeados por los habitantes que tenían los ojos bien abiertos, ya que nunca habían visto un coche, mirándolos atónitos. Carros tirados por un caballo o carruajes tirados por cuatro o cinco caballos iban atrás y adelante entre nubes de polvo amarillo. Finalmente acabaron con las reparaciones y partieron nuevamente, abriéndose paso entre la multitud. Aproximadamente a la una se estaban aproximando a Soto-fu cuando uno de sus coches se averió completamente. No tenían más alternativa que alojarse en una fonda barata y enviar a alguien a Hoten a por recambios y herramientas, pese a que se encontraban en un lugar extremadamente arriesgado. Dos policías chinos vinieron a investigar, y de madrugada un sargento chino acompañado por cuatro soldados entraron en la habitación compartida por Onisaburo y Ueshiba. De alguna manera Okazaki se las apañó para hacer que se fueran. Luego vino un oficial del consulado japonés, con los dos policías que los habían encontrado la primera vez, para investigar sus antecedentes familiares. Cuando explicaron sus circunstancias a este oficial, les echó una mirada sospechosa y se fue. Como no deseaban ser importunados por más visitas de esta clase acordaron que Onisaburo y Okazaki se irían temprano la próxima mañana, mientras que Ueshiba y Ogenki les segarían tras reparar el coche.

Onisaburo y Okazaki llegaron sanos y salvos a la casa de Oshoshin, un miembro de la familia Onishi, en el norte de Soto y esperaron la llegada de Ueshiba y los demás. Había algo noble en Oshoshin, y tenía una familia de más de 10 personas, todos los cuales recibieron calurosamente a Onisaburo y a los demás, diciendo “El Salvador japonés” ha venido. Les prepararon un festín de gachas de cereales hechas con arroz chino y huevos, y cuando el grupo de Ueshiba llegó todos disfrutaron de volver a estar juntos en un lugar seguro. Dejaron a la familia de Oshoshin y condujeron rápidamente por una gran extensión de desierto. Aunque se encontraron con 200 soldados chinos por el camino, O-juto los ignoró y condujo justo a través de sus líneas. Media hora después el coche se averió de nuevo y se vieron forzados a perder una hora reparándolo.

Cuando entraron el la ciudad Antigua de Shiheigai, las personas y los caballos corrieron aterrorizados por la visión desconocida del coche, que en seguida se volvió a averiar, esta vez de manera tan grave que no pudo ser reparado. Se vieron forzados a alquilar un carro para viajar a la casa del comerciante Mikizo Okumura en Nueva Shineigai, donde llegaron a las 5 de la tarde, después de tres días de abandonar Hoten. Les sirvieron comida japonesa y se sintieron más aliviados; habían conducido sin realizar paradas con una pequeña cantidad de comida, pero estaban alegres. Permanecieron en la casa de Okumura aquella noche y al día siguiente se dirigieron hacia Teikaton por tren desde la estación de Shihegai, escoltados por Shintaro Hirama, director de la asociación de residentes japoneses. A las 6:50 de la tarde llegaron a Teikaton y se alojaron en la residencia de Kumayuki* Yamamoto. En esta zona había muchos japoneses e incluso un restaurante japones, llamado Azumaya*, donde mejoraron su estado de ánimo con una fiesta. A las 6:30 de la mañana siguiente partieron por tren hacia Tonan, su destino final.

El ferrocarril de Tonan había realizado su viaje inaugural sólo en el mes de enero previo, todos los trenes eran de segunda mano procedentes de los Ferrocarriles del Sur de Manchuria, y en ocasiones se retrasaban por diferentes problemas. Okazaki les espetó elocuentemente la fantasía idealista a los cuatro o cinco oficiales chinos que viajaban en el mismo vagón, como si fuera Chohakkai, el monstruo de la novela china Saiyuki, que acompañó al sacerdote Sanzo-Hosshi. Cuando el tren hizo una parada de emergencia, mongoles de todas las edades salieron por curiosidad de los pueblos cercanos, muchos de ellos fumando lentamente sus largas pipas. A los viajeros les parecía que se asemejaban a los japoneses de épocas míticas.

El grupo de Onisaburo llegó a la estación de Tonan, y entraron en la posada en la noche del 8 de marzo. Se encontraron con el grupo que había embarcado en el tren procedente de Hoten hacia Ch’ang-ch’un por delante del grupo de Onisaburo y también habían llegado de manera segura a la posada.

El Salvador del Este.

La prefectura de Tonan era un puesto fronterizo chino, rodeado por muros altos del Castillo, destinado a la defensa contra los mongoles. Las autoridades japonesas no tenían ningún poder e incluso los oficiales del consulado debían llevar pases para entrar en el área. El sonido de las armas de fuego de los soldados chinos se oía durante toda la noche. Habían más de diez grupos de bandidos en la zona, con un número total de más de 2000. Las defensas contra ellos no eran muy prometedoras y siempre existía el peligro de ser atacados repentinamente. Se trataba de una zona problemática.

Mientras tanto, una carta llegó procedente de Hosen, *Yamada y Sasaki se encontraban en Hoten con las buenas noticias de que el líder del área de Kikajo “Karokai” (“Organización de ancianos y primogénitos”) participaría trayendo aproximadamente a 12000 soldados. El grupo de Onisaburo decidió permanecer un momento en una casa alquilada en Sakuhoku, una región remota, con polvo en el aire, donde las cosas parecían oscuras y el humor del público era tumultuoso.

Antes del amanecer del 11 de marzo el sonido de las ametralladoras y de los rifles se escuchaba constantemente y una atmósfera cargada impregnó la zona, al alba una guarnición de 4000 soldados estaba rechazando un ataque de los bandidos. El grupo de Onisaburo estuvo este tiempo sin estar expuestos a ningún peligro, pero el 16 de marzo uno de los empleados de los Ferrocarriles del Sur de Manchuria informó secretamente a la policía militar japonesa acerca del grupo de Onisaburo, y las autoridades chinas emprendieron acciones contra ellos. Onisaburo y su grupo se sintieron como si estuvieran pisando sobre una fina capa de hielo. Onisaburo había experimentado la represión en Japón, y parecía que estaba que estaba bajo protección, incluso en este remoto país extranjero. Creía que estaba trabajando para Japón y por la paz mundial, pero fue tratado como un traidor por los que estaban en el poder. También oyó que, incluso desde que había entrado en Mongolia, había sido ofrecida una recompensa de 1000 yenes por su descubrimiento. Onisaburo aceptó todo esto como una prueba divina y se sumió en profundas emociones en una pequeña habitación de un país extranjero.

Ueshiba hablaba sobre las artes marciales y enseñaba técnicas a sus compañeros mientras el resto del grupo pasaba el tiempo volviendo a contar los episodios heroicos de su viaje. Debido a que se dedicaba a practicar desde la mañana a la noche, a Ueshiba le dieron el apodo de “Marishiten” [El dios japonés de la guerra que protegía a los samuráis]. Yamada y Ogenki también practicaban entusiasmadamente.

(The full article is available for subscribers.)

Subscription Required

To read this article in its entirety please login below or if you are not a subscriber click here to subscribe.

Username:
Password:
Remember my login information.