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El fundador del aikido (03): El desapego material

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por Kisshomaru Ueshiba

Aiki News #32 (December 1978)

Traducido por roberto vidales ibarra (México Aikido)

El siguiente artículo fue preparado con la amable asistencia de Jason Wotherspoon, de Australia. También agradecemos al Doshu Kisshomaru Ueshiba por su amable permiso para publicar estos resúmenes de capítulos.

El fundador proyectando a Hiroshi Tada

Hasta ahora este libro ha tocado una de las muchas facetas de la personalidad de O-Sensei, esto es, el lado devoto de su carácter. Había, sin embargo, muchos otros aspectos de su complicada naturaleza que sólo podrían ser descritos como infantiles. En este capítulo se revelará un lado más humano del fundador, sólo visto por su familia, sus amigos íntimos y sus discípulos más avanzados. El fundador era negligente en asuntos materiales hasta el punto en que su familia, y especialmente su esposa, Hatsu, tenían que pasar grandes sacrificios a lo largo de los años.

Hablando de este tema, hay una interesante anécdota narrada por el señor Gozo Shioda, director de la escuela Yoshinkan, quien con frecuencia acompañaba al fundador en los años que precedieron a la guerra. Un día, mientras mi padre y el señor Shioda viajaban en tren, un hombre que estaba parado junto al fundador de repente se levantó de un sobresalto en una postura rígida e inmóvil. El señor Shioda recuerda lo siguiente: “O-Sensei sonrió y se puso a reír. Pensé que seguramente se trataba de un viejo conocido. Pero cuando el tren arribó a la siguiente estación y el maestro dijo: ‘Bueno, ¡márchate!’ y el sujeto salió corriendo del tren, pregunté quién era. Me sorprendí cuando O-Sensei dijo: ‘era un carterista’. En todo caso, cuando el ladrón deslizó sigilosamente su mano dentro de la bolsa interior del maestro, éste, en un parpadeo, torció con fuerza la muñeca del sujeto y el cuerpo del ladrón se entumeció y se levantó inmóvil. Fue un tipo tonto al tratar de robar al ‘kamisama’ de las artes marciales, pero estuve muy impresionado de ver que O-Sensei, con toda calma, había dejado ir al carterista. Debido a que O-Sensei no llevaba dinero alguno, creo que no tenía la sensación de haber sido víctima en ese momento…”.

No sólo O-Sensei carecía del hábito de llevar mucho dinero, sino que, para viajar, caminaba pasando frente a los empleados de la estación de trenes con un aire digno, pero sin boleto de tren. Le confiaba todo su dinero y sus pertenencias a quien estuviera acompañándole en el momento. Hasta donde yo sé nunca fue detenido y la razón debió haber sido que los empleados de la estación eran de alguna manera intimidados por él.

Entre las idiosincrasias de O-Sensei estaba su insistencia en llegar al menos con una hora de anticipación al horario de partida de un viaje, aún cuando a veces cambiara de parecer luego de estar dos o tres minutos en el tren y regresara a casa. En ocasiones llegaba incluso a abandonar el tren sin pronunciar palabra alguna a su compañero de viaje, provocándole una gran confusión. Es difícil decir qué le ocasionaba este tipo de comportamiento. Probablemente era debido a que la intuición altamente desarrollada de O-Sensei había percibido que algo estaba mal en la condición de su cuerpo o que preveía algún evento desagradable para el viaje. Además, con frecuencia reaccionaba de manera negativa hacia su compañero de viaje y encontraba que la conversación era insoportable. Hubo un incidente cuando estaba conversando en forma agradable con un hombre en el tren pero, debido a una razón desconocida, la plática se tornó molesta para el fundador y éste se levantó de su asiento, dejando que el hombre me instruyera a mantener la conversación.

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