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De acuerdo con la totalidad del Universo

por Morihei Ueshiba

Aiki News #56 (July 1983)

Traducido por Fernando Gómez

El siguiente artículo fue preparado con la amable asistencia de Joe Sgambellone.

El camino a la reconstrucción para las personas físicamente débiles de hoy en día reside en el aikido. Esta es una gran verdad emanada desde el (Universo del) Cielo y la Tierra. El Aikido es el Budo (arte marcial) que abre el camino hacia la armonía; es aquello que se encuentra en la raíz del gran espíritu de reunificación de toda creación manifiesta.

El Gran Universo encarna todas las fuerzas y poderes (literalmente, “La única alma, los cuatro espíritus, los tres orígenes y los ocho poderes”) y de ellos han venido los orígenes de la fuerza vital humana. El universo y la humanidad son como un único cuerpo. Sin embargo, mientras la humanidad tiene la capacidad de unificarse con el universo, el hecho de que sea incapaz de conseguir esta unión es la razón de su estado de infelicidad. Cuando una persona se encuentra frente a un santuario y reza sus oraciones silenciosas no es por otro propósito que unificarse con la divinidad.

La bella forma del universo del Cielo y la Tierra se ha convertido en una familia creada por el Señor.

Este mundo y toda la grandeza de la Madre Naturaleza son sólo uno. En esta unidad no existe nada que defina a un enemigo, ni que distinga a un amigo. Debemos desear entornos pacíficos y agradables donde la lucha haya sido olvidada.

El Universo en sí, todo lo que se manifiesta en la Madre naturaleza, puede ser llamado “una Cristalización de la Sabiduría” o del “Cuerpo Unido del Amor”.

El papel de la humanidad es cumplir su propósito enviado desde el cielo a través de un corazón sincero que está en armonía con toda la creación y que ama todas las cosas. Así llenará sus días con felicidad, y una vida así ayudaría a aquellos que son débiles de cuerpo.

Hace 30 años era extremadamente débil de cuerpo. Por aquel tiempo abrigaba secretamente un sueño. Es este sueño quería ser el hombre más fuerte de todo Japón –no, más que eso, ¡del mundo entero! Decidí que me convertiría en el posesor de un poder marcial inigualable. Con este sueño delante de mi entrené severamente. Un día un marino me hizo frente, una persona que dijo tener un 7º dan en Kendo. De una manera rara, tal y como le encaraba sentí que mi cuerpo era rodeado por un resplandor brillante y obtuve fácilmente la Victoria.

Después de aquello, sin embargo, un sentimiento vanidoso nació en mi interior, y mientras paseaba por el jardín pensé que innumerables hilos dorados caían hacia mí desde el universo. Entonces, una luz dorada emanó de la tierra y me engulló. Finalmente alcancé un sentimiento en el que mi cuerpo se convertía en un cuerpo de oro que se expandió a proporciones universales. Aquí sentí que Dios (los dioses) me estaba regañando por mi siempre creciente vanidad y lloré lágrimas de gratitud.

En el pasado, ha habido un número superlativo de maestros de artes marciales pero no debemos olvidar nunca el gran número de ellos que desaparecieron en el campo de batalla de este mundo material simplemente por falta de suficiente entrenamiento en el verdadero espíritu del budo, en el amor sincero y en la batalla frente a uno mismo.

De esta manera, mediante la asimilación del principio de lo Universal, y recibiendo el ki del Cielo y la Tierra, cuando unifico este cuerpo humano entero, me doy cuenta de la sutil profundidad del Aikido que manifiesta tal gran poder, y que alcanza el principio de la unidad con el Universo.

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