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Una Vida en el Aikido (14)

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por Gozo Shioda

Aiki News #85 (Summer 1990)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

Gozo Shioda viaja a través de paraísos tropicales en su camino a Pontianak Borneo. El cuenta sus juergas en compras y sus inusuales encuentros con una nueva cultura. Pero sus comodidades y placeres se aseguran cuando empieza a enseñar aikido a dos oficiales del gobierno.

Una Riqueza de Bienes en Indonesia

Todos nos quedamos juntos en el Hotel Yamato [en Makassar (ahora conocido como Ujung Pandang) en la Isla Celebes]. Modales, paisajes, estilos de vida, todo lo que vimos y escuchamos en esa isla tropical era tan curioso que Kagawa y yo fuimos al pueblo a echar un vistazo con la ayuda del rústico indonés que apresuradamente conocimos durante nuestro viaje.

En aquellos días en Japón el control de distribución de productos de algodón causaba escasez y altos precios, y la gente podía difícilmente cubrir el pago de esos bienes. Pero en Indonesia había pilas de bienes, desde camisas de vestir y camisas de cuello abierto hasta zapatos de piel, ropa que para ser enviada a casa en Japón. También había piezas de echas de caparazón de tortuga las cuales eran abundantes e increíblemente baratas. Tenía mucho dinero y compraba lo que esa que se me cruzara y que pareciera novedoso. Ya que el viaje había sido tratado como un viaje de negocios hasta que llegamos a Borneo, no teníamos ninguna preocupación de nuestro presupuesto y fuimos alrededor comprando cualquier cosa que quisiéramos. Por ejemplo, un cinturón hecho de caparazón de tortuga costaba solo un yen y cincuenta sen en moneda japonesa. Por naturaleza yo amo a los animales, y ya que los monos costaban 50 sen, compre como 5. Dos docenas de pañuelos costaban como un yen. Kagawa vio mis frívolas compras y dijo, “Shioda, vamos a detenernos por Surabaya en Java. Mejor ahorremos nuestro dinero. Escuché que tienen mucho mas bienes que aquí.” Seguí su consejo de restringir mis compras, pero en cambio buscamos los cabarets y bares para compartir nuestro espíritu ya que nos sentíamos decaídos de estar fuera de Japón.

Después de quedarnos por siete días, el 23 de Noviembre abordamos un pequeño barco de 2500 toneladas, el Tsutamaru que llegaba hasta Java. Tan pronto como llegamos a salvo a Surabaya, Java, temprano en la mañana del 27 de Noviembre, fuimos a un hotel a descansar. Era entonces que teníamos las noticias de que, afortunada o desafortunadamente, nuestro barco, el Tsutamaru había sido de repente comandado por la Marina y que nadie sabia cuando regresaría. Nos sentimos ambivalentes sobre este cambio de eventos y nadie podía decidir si el retraso seria a nuestra ventaja o no. Estábamos irritados que tomaría tiempo extra el llegar a nuestro destino, pero por otro lado podíamos disfrutar vacaciones extra en Surabaya. Después de gastar mucho dinero en placeres en Borneo, todo el mundo estaba un poco preocupado sobre el presupuesto, y ya que no sabíamos cuando un llegaría algún trasbordador japonés estábamos un poco intranquilos. Sin embargo, las cosas de alguna manera funcionaron bien, por la gracia del Cielo. Afortunadamente descubrimos en Surabaya el Chikusan Taiwanés, una compañía afiliada al grupo de Colonización de Taiwan. Estaba enviando ingenieros al canal entre Bali y Lombok para el desarrollo de proyectos. El Sr. Tsutomu Fujimoto, el director contable, era un compañero alumno de mi propia universidad, y así fui capaz de tomar prestados 50 yenes de su compañía para pagar los gastos del hotel y por nuestra estancia extra.

Disfrutando Vacaciones Extra en Surabaya

Nos quedamos en Surabaya cerca de un mes con unas muy surtidas colectas. Durante este tiempo nos dimos gusto completamente de los placeres de la vida. Nunca pudimos disfrutar más de lo que lo hicimos en esa ocasión. Tomando, coqueteando con las posaderas, y el dinero; no pedimos nada más. Nos sentimos como si camináramos en aire, complaciéndonos día y noche con placeres en Surabaya. Supongo que ese hedonismo ciego resultaría la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Aun los empleados de compañías mercantes como la nuestra se comportaban de esta manera; imagen que tan privilegiado estaban los hombres en servicio que era capaces de complacerse así mismo. Surabaya en aquellos días era justo como el paraíso, permitiendo a los hombres en servicio japoneses el complacerse en placeres y aún olvidadnos la guerra misma. ¡Miro atrás con pena esos días!

Hay un episodio divertido en este tiempo. En Surabaya vendían piezas de ropa, como del tamaño de un pañuelo japonés y la textura del tipo de una toalla. Yo siempre llevaba uno conmigo para limpiarme el sudor de la cara. Encontraba esas prendas útiles y llevaba una conmigo tanto en la calle con en casa. Un día algunas personas indonesas se rieron tontamente al verme secando mi rostro con una de esas prendas, y pregunté si había algo en mi cara, o algo extraño en mí. Después le dije a uno de mis amigos indoneses cercanos sobre esto, y el me explicó que Holanda, durante el tiempo que rigieron en Indonesia, usaban tales prendas para limpiarse después de tener seño, y que verme secar el rostro los hizo reír mucho. Aun después de haber entendido el propósito original de esa prenda, seguí llevando y usando uno regularmente. ¿A quién le importaría que parte de mi cuerpo me secaba con el?, pensé. Algo tan conveniente se le podría dar un buen uso. Me opuse a la ciega aceptación de las costumbres de una cultura diferente y particularmente odié la venta al por mayor de la adopción de estilo de vida occidental. En aquellos días estaba muy orgulloso y arrogante que Japón había vencido al Oeste para regir su territorio, lo que me guió a esta actitud mía.

Llegó el momento de dejar el paraíso de Surabaya cuando el súbitamente comandado Tsutamaru regresó depuse de casi un mes de ausencia. Dejando lamentablemente Surabaya detrás, nos dirigimos al territorio desconocido de Borneo después de mediados de Diciembre. El pequeño Tsutamaru lentamente zarpó a Pontianak, Borneo y llegamos sin ningún incidente al Puerto de Pontianak el 1° de enero de 1943. Pontianak era una tierra salvaje, y parecía tan simple, hasta primitiva, después de ver la vivaz ciudad de Surabaya.

Pontianak, Borneo

En Borneo, las aguas eran barrosas y los nativos caminaban alrededor prácticamente desnudos excepto por sus sarongs. Eran amigables y sus modales simples.

Entre mas cerca estaba nuestro barco del Puerto, mas claramente podíamos ver las figuras caminando a lo largo del muelle. Estaba parado en la cubierta y mirando en el puerto por ninguna razón particular como todos los pasajeros, cuándo ocurrió que espié a uno de mis compañeros de clases, Nobuo Nishi, quién después trabajó para la oficina de impuestos del gobierno. Difícilmente podía esperar a llegar a tierra, y le grité varias veces, “Nishi! Nishi!”. El se dio cuenta de mis gritos y tan pronto como el barco llego al puerto, el saltó abordo para verme. Estaba lleno de una profunda emoción cuando yo inesperadamente corrí hacia un viejo amigo en Borneo, una isla extranjera tan lejana de Japón. La emoción esta más allá de describirse.

El había estado trabajando para el Sumitomo Shokusan y durante la Guerra el hizo el bosquejo para trabajar para el Departamento de Transporte de Buró Administrativo de la Naval Civil. Parecía que durante la guerra cada compañía privada era requerida para mandar a un empleado a la Administración Naval Civil. Nishi me dijo que el fue el primer considerado de su compañía, y que había estado en Borneo ya un año. Apreciamos tenerlo como guía en este completamente lugar extranjero. Nos llevó a un hotel primero y nos instalamos después de nuestro largo viaje. Necesitábamos empezar el siguiente día para hacer investigación para arreglar nuestra propia residencia. El hotel era muy humilde para ser llamado un hotel, y era aun más áspero que el apartamento mas barato en Japón. El dolor de cabeza más grande era la escasez de agua. El agua para beber y cocinar se guardaba en grandes barriles llamados ton puestos debajo de aleros del techo para colectar agua de lluvia. En época de sequía, sin embargo, no podíamos esperar suficiente lluvia, y estábamos desesperados por agua. Como saben, el agua de lluvia no contiene cal y tomarla puede causar que tus dientes se caigan. Si cuentas con agua de lluvia para beberla diariamente, debes asegurarte que tomas suficiente calcio, lo cuál es molesto. Pero de lo que estábamos más consternados aún era de las enfermedades infecciosas como la malaria y el dengue, las cuales incluyen una alta fiebre y una severa e intolerable calentura. Se dice que una vez que contraes el virus del dengue, te puedes volver inmune y no te contagiarás de enfermedades otra vez.

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