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Una vida en el Aikido (07)

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por Gozo Shioda

Aiki News #78 (September 1988)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

La siguiente traducción de la biografía en idioma japonés titulada “Aikido Jinsei” (una vida en el Aikido) por Gozo Shioda Sensei del Yoshinkan Aikido es publicada con el amable permiso del autor y publicador, Takeuchi Shoten Shinsha. Estas series empezaron en el AIKI NEWS No. 72.

El Sueño de Empezar una Nueva Vida en Manuchuria y Mongolia

Mi padre siempre me decía que yo debería trabajar en Manchuria y Mongolia en el futuro y sugirió que sería mejor para mí entrar en el Departamento de Agricultura de la Universidad de Hokkaido. Sin embargo, aunque el departamento ofrecía un curso en agricultura, la institución era una universidad de gobierno y por eso se requería mucho más estudio que el promedio. Yo era del tipo que no le gustaba estudiar mucho y renuentemente me empecé a aplicar poco a poquito.

Sin embargo, el director Abe nos visitó alrededor del mes de Abril cuando estaba en mi quinto año de secundaria. Le dijo a mi padre que la Universidad de Takushoku era la escuela más apropiada para aquellos que deseaban empezar una nueva vida en Manchuria y Mongolia. Es por eso, que mi padre me dijo que entrara a la Universidad Takushoku. La tasa de entrada a la Universidad de Takushoku era baja en aquellos días y yo tenía las calificaciones necesarias para entrar a esta universidad sin tener que estudiar para el examen. Así, detuve el estudio enteramente y me dediqué exclusivamente al desarrollo de mi fuerza física.

Mi padre me decía: “Para vivir en Mongolia necesitas estar preparado. Debes estudiar cocina y, por supuesto, artes marciales, equitación y debes aprender como manejar un auto.

El propósito de estudiar cocina era hacerme capaz de cocinar y comer en dónde sea. Necesitaba entrenar mi mente y fuerza física a través de las artes marciales para poder ser capaz de manejar un caballo en las grandes planicies de Mongolia. También necesitaba obtener una licencia de conductor para que pudiera ir a cualquier parte. Todas estas cosas eran indispensables para vivir en Manchuria y Mongolia.

Introducción al Aiki Jutsu

Por esa época, el director de la Sexta Preparatoria Junior, le dijo la siguiente historia a mi padre.

“Hay un extraordinariamente interesante arte marcial llamado Aiki Jutsu. Lo conocí a través de una señorita que conocí en el templo de Shin Yoshida Sensei (1). Yo lo admiro y adoro a Dios en el Templo Shoin cada mañana. Hay una señorita que limpia el dojo cada mañana a la misma hora. Su actitud mental es sobresaliente y le pregunté su nombre. Ella contestó, ‘Mi nombre es Takako Kunigoshi.’ Cuándo le pregunté que hacía, ella respondió, ‘Practico Aiki Jutsu con Ueshiba Sensei’. Entonces le pregunté, ‘¿Qué es Aiki Jutsu?’ y ella dijo, ‘Hay un dicho que dice: ver es creer. Cómo le gustaría venir conmigo al dojo para que lo vea por usted mismo.’ Así que hice una cita para visitar el Ueshiba Dojo en Ushigome. Conocí a Ueshiba Sensei y hablé con él de varias cosas; vi su demostración y me impresiono de su maravillosa técnica. Vengo directo del dojo con esa experiencia aun fresca en mi mente. Deberías poner a Tekeshi (ahora Gozo) a entrenar Aiki Jutsu.”

Así que prometí ir al Ueshiba Dojo con el Sr. Abe a las cinco de la mañana el 23 de mayo de 1932. Aquí déjame regresar un poco antes de describir ese evento. Un día un maestro de alto grado de Shibukawa-ryu fue a hacer una demostración al Yoshinkan, el dojo de mi padre. Después de la demostración, el instructor preguntó, “¿Alguien quiere probar la técnica?” El Sr. Itsuki Hirura, quien fue un luchador de sumo e instructor asistente de Judo en el Departamento de Policía de Yotsuya, fue hacia el. Antes de que pudiera decir, “Yo haré…” el ya estaba enfrente del instructor. El intentó su técnica favorita de “uchimata”, tirar al oponente poniendo una pierna entre sus piernas. En un instante el instructor fue derribado y voló alto por los aires. Viendo tales demostraciones antes, yo creía que el Judo era la más grande de las Artes marciales. Así que personalmente no pensaba mucho en el Aiki Jutsu.

Entrando al Ueshiba Dojo

El día citado para ir al Ueshiba Dojo finalmente llegó. A las cinco de la mañana, después de intercambiar saludos formales, Ueshiba Sensei empezó su demostración. Podría haber entendido lo que estaba haciendo si supiera lo que se ahora. Sin embargo, en Aiki Jutsu, el cuál nunca había visto antes, las caídas eran tan controladas y tan limpias que se veían demasiando increíbles para mí. Cuándo la demostración terminó, Ueshiba Sensei hablando con un acento de Kansai dijo, “¿Sr. Shioda le gustaría probar?” Yo subí a deliberadamente en mis pies y pregunté, “¿Qué se supone que haga?” El contestó, “Cualquier cosa que quieras” Pienso que estaba un poco vanidoso entonces. Lo pateé abruptamente pensando, “¡Que viejo tan imprudente!”. Antes de que notara que la mano de Sensei tocara mi muslo, yo estaba volando. Choqué asquerosamente la parte de atrás de mi cabeza en el suelo; me sentí mareado y no me pude levantar en un rato. Creo que me debí reflejar en mi conducta, e inmediatamente decidí entrenar Aiki Jutsu.

El 23 de Mayo de 1932, me uní al Ueshiba Dojo, en donde había veinte estudiantes que vivían ahí. Ellos practicaban cada día de cinco de la mañana hasta las 9 de la noche. Sin embargo, las regulaciones de admisión eran estrictas y se requería de dos avales para unirse. La primera recomendación era de mi padre y la segunda fue el Sr. Abe, el director de la Sexta Preparatoria Junior.

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