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En defensa de las mujeres que, sin tener cinta negra, deciden usar hakama

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por Sally Whitcher

Aiki News #26 (August 1977)

Traducido por roberto vidales ibarra (México Aikido)

Siendo yo alguien relativamente nueva en el mundo del aikido, no me encuentro familiarizada con los puntos finos de un código de etiqueta que definitivamente existe, aunque no está expresado. Durante una reciente evaluación de cinta negra fui despertada, con bastante fuerza, de mi placentero sueño por una actitud hostil y reprobable de parte de algunos compañeros hacia mi persona, para mi sorpresa, por el hecho de vestir una hakama sin tener el rango de cinta negra. Mi reacción inicial de resentimiento dio lugar a un cuestionamiento real hacia mis motivos para realizar cosa semejante, y a una indagación relativa a si era yo, de alguna manera, traidora de la causa femenina.

El tema de las mujeres que visten hakama parece ser un asunto controversial. A fin de ganar una perspectiva apropiada, he tratado de examinar el problema desde todos los ángulos, incluyendo el histórico. Por un lado, podría decirse que esta tradición es una manifestación de las tendencias chovinísticas [Nota del traductor al español: (Del fr. chauvinisme, patriotismo fanático.) Exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. (Tomado del Diccionario de la Real Academia Española, 22ª edición, 2001)] de la sociedad japonesa, en la que las mujeres “han sido rigurosamente mantenidas en línea” durante siglos, no permitiéndoseles sentarse con las piernas cruzadas o vestir ropa no-femenina. Por otro lado, aunque es realidad que los roles masculino-femeninos están claramente diferenciados, es quizá difícil decir si las mujeres son consideradas o no “inferiores”, sin caer en la trampa de poner los valores culturales norteamericanos en los japoneses. Existen, sin lugar a dudas, compensaciones reales de jugar el rol del “sexo débil” en Japón, como el de la seguridad y un poder casi total en el hogar. Los hombres no necesariamente dictan los roles femeninos. Cualquier sociedad dada está constituida por aproximadamente la mitad de mujeres, y la estructura social está determinada por la sociedad en su conjunto.

Una historia que he oído decir sostiene que el inicio real del uso de la hakama fue como sigue:

O-Sensei quería que las mujeres, al igual que los hombres, practicaran aikido. Sabía, sin embargo, que no era muy probable que lo hicieran debido a que su sentido de modestia les prohibía ser vistas por los hombres en el área de práctica, vestidas sólo con el gi. O-Sensei estaba consciente del hecho de que sólo si les permitía vestir hakama serían ellas capaces de participar en el desarrollo de un arte exquisito, que descansa, en parte, en los principios orientales ancestrales de la metafísica femenina, tales como la receptividad, la gracia relajada y la no-confrontación (según se relata en el I Ching).

Habiendo determinado, al menos para mi propia sofisticación, que el vestir hakama no es necesariamente discriminatorio en sus raíces históricas, cambio ahora al examen de esta práctica desde una perspectiva contemporánea. Hoy en día, en Japón, muchas mujeres desafortunadamente abandonan la práctica del aikido cuando se casan y tienen familia. Como mujeres, se espera que administren el hogar y se encarguen de los niños. Por lo que les queda poco tiempo para otras actividades, dado que su rol tradicional es aquel de esposa y madre.

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