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Una vida en el Aikido (02)

por Gozo Shioda

Aiki News #73 (December 1986)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

La siguiente traducción de la biografía en idioma japonés titulada “Aikido Jinsei” (una vida en el Aikido) por Gozo Shioda Sensei del Yoshinkan Aikido es publicada con el amable permiso del autor y publicador, Takeuchi Shoten Shinsha. Estas series empezaron en el AIKI NEWS No. 72.

Capitulo 3: Aikido es un Budo de Armonía

No puedes decir que nunca encontrarás situaciones en dónde el fuerte abusa del débil, o en dónde alguien actúa de una manera injusta, o en dónde tu mismo estés expuesto al peligro. Si alguna vez te encuentras en este tipo de situaciones, tú, por supuesto puedes controlar al oponente con el aikido que has aprendido. Sin embargo no deberás nunca perder tu temperamento llegando a odiar al enemigo. Si eso pasa, perderás la pureza de tu estado mental el cual es importante en aikido y no serás capaz de ejecutar técnicas apropiadas. Puedes sufrir una derrota inesperada, o por el contrario, puedes llegar al extremo de que al estar defendiéndote resulte una desafortunada situación para ti y tu enemigo. No debes olvidar que el aikido es un budo de armonía.

Ya que mido cinco pies con una pulgada y media de alto y peso solo 110 libras yo era provocado muy seguido en las riñas. En esas situaciones siempre traté de salirme riendo y evitando meterme en problemas siempre que fuera posible, sin embargo, hubo veces que tuve que lidiar con tales situaciones.

Un borracho cae al estanque

Yo comienzo mi día levantándome a las 5:00 am y voy a caminar con mis perros. A veces ando en bicicleta y a veces troto. Un día caminando, me encontré por una tufarada en el Parque Shakujii cerca de mi casa. Un gran hombre se me acercó. Parecía que había estado bebiendo en la mañana y se comportaba de una manera un poco extraña. Con forme se acercaba trataba de evitarlo pasándome al lado derecho pero el se movía del mismo lado como si me bloqueara. Cuando cambié a la izquierda el también se movió a la izquierda. Pronto el vino sobre mi como corriendo y de repente trató de sujetarme de la solapa. Ya que no podía hacer nada mas le sacudí la mano ligeramente y traté de seguir. Entonces escuché que salpicó agua y el hombre desapareció. El hombre cayó al estanque. Estaba un poco sorprendido y fui a la cuña del estanque para preguntarle si estaba bien, el hombre solo estaba tratando de salir del estanque poniendo sus manos en la orilla. Cuando lo vi bien, vi que tenía algas en la cabeza que lo hacían ver como un duende acuático (kappa). Me sentí un poco culpable de no ser capaz de suprimir mi risa y le ofrecí mi mano para jalarlo y sacarlo de ahí. Estaba aliviado de saber que no estaba herido pero él, por su parte, no le gustó lo que había pasado y dejó el lugar sin decir una palabra.

Retado a un Combate por un Maestro de Karate

No hay nada que pueda hacer acerca de ser muy pequeño ya que nací de esa manera y la gente probablemente piensa que es fácil superarme. Aunque esto ha sido una molestia, a veces he sido retado a un combate.

Un día, un maestro 6° dan en Karate vino a mi dojo con una introducción de un conocimiento y me reto a un combate. Yo acepté renuente su reto. Cuando me resistí contra el en el centro del dojo, de repente me estocó con un “Shokentsuki”. En el momento que el ataco recibí su golpe con mi palma y me mezclé con su puño. El maestro voló hacia el frente, más allá de mí, por que la sincronización de su ataque y mi movimiento fueron perfectamente compaginados. Desde aquel incidente, he estado en términos amistosos con él.

Travesuras de los Soldados de la Ocupación

El siguiente incidente ocurrió justo después de la Guerra. En ese tiempo mi casa se localizaba en Tokorozawa. Yo iba de regreso a casa en el último tren de la línea de Seibu lo que en aquellos días se llamaba la línea de Musashino. Dos soldados borrachos de la ocupación subieron a este tren. Fue el tiempo cuando la Armada de la Ocupación reinaba y casos de comportamiento intolerable por parte de los soldados eran comunes. Los soldados en el tren se divertían atizando las cabezas o tocando las narices de los japoneses. Sin embargo, nadie los detenía y sufrían el insulto bajando los ojos. Pronto uno de los soldados vino a mí y trató de acariciar mi mejilla con su mano derecha diciéndome “Papa-san”. Agarré su mano ligeramente con mi mano izquierda. Después el trato de hacer lo mismo con su mano izquierda. Yo agarre con mi mano derecha y ejecute firmemente lo que llamamos técnica de yonkajo de dos manos agarradas. El largo hombre cayó plano al piso. Desafortunadamente para el había un charco de aceite en el piso de madera. Su cara y sus ropas se volvieron negras como el carbón y se veía como un miserable. Los soldados debieron haberse sorprendido realmente por que se callaron. Todavía recuerdo la mirada de deleite de todos los pasajeros japoneses que vi entonces.

Mujer Japonesa Asaltada por Soldados de la Ocupación

En aquellos días, seguido de la Guerra japonesa, en general había un estado de letargo y no podías hacer nada con la Armada de la ocupación. Aún la policía japonesa pasaba tiempos difíciles encargándose de ellos. Quisiera relatar un incidente en donde tuve la oportunidad de presenciar un problema de comportamiento despótico. Ocurrió en el Día de Año Nuevo de 1947. Esa tarde el sol estaba todavía alto e iba de regreso de la casa de mis parientes después de extender mis felicitaciones de año nuevo. Cuando cerca de la estación de Ebisu vi un montón de gente parada alrededor de una caseta de policía. Yo también fui a ver curioso y encontré a una joven esposa llorando enfrente de un policía. Por las historias del grupo de personas entendí que ella había sido asaltada por un soldado negro en la calle cercana, pensé que ser un soldado de la ocupación no lo excusaba de tal acto y le dije al policía que debería ir y arrestarlo inmediatamente. El policía se vio perplejo y se rehusó a interferir en tales asuntos. Sin embargo aunque fuera un soldado americano, tal acto no debería ser de ninguna manera permitido. Por lo tanto, le dije: “Voy a ir por él. Por favor llame a la policía militar inmediatamente”. El policía me miró duramente y me dijo, “¿Tú? Eso es imposible. ¡Mejor no hagas eso!” Me detuvo sin amabilidad pero yo rápidamente me fui a pesar de su advertencia. Entonces, escuché el reporte de una pistola. Cuándo vi en la dirección del disparo encontré a uno de seis soldados negros sosteniendo su pistola arriba de su cabeza por diversión y amenazando a la gente alrededor de él. Todos los transeúntes estaban asustados y con pánico, algunos de ellos huyeron a las tiendas cercanas para esconderse. Yo caminé hacia el hombre poco a poco. Tal vez el pensó que yo era solo un niño y me dio la espalda. Tomé esta oportunidad y lo golpeé en la espalda con mi cabeza. Al instante que se volteó lo golpeé con el lado de mi mano repetidamente con todo mi poder casi saltando sobre él. Cuándo estaba desorientado, le arrebaté la pistola y la tiré lejos. Después apliqué la técnica de shihonage y lo tire al suelo. En ese momento un jeep de la policía militar vino con la sirena sonando a lo lejos. Como se esperaba, los soldados estaban impotentes en contra de la policía militar y fueron arrestados antes de que pudieran escapar.

Regresé a la caseta de policía. La actitud del policía hacia mi cambió completamente y hasta usó un lenguaje mas cortés. Sin embargo, la joven esposa aún estaba llorando ahí diciendo que no podía ser posible regresar a casa. Así que la conforté y la llevé de regreso cerca de su casa. Le dije a su esposo, que salió a su puerta, que su esposa había caído en una zanja y se ensució el kimono y dije que había sentido pena por ella y la llevé a su casa. Su esposo estaba muy agradecido por lo que había hecho y me invitó a pasar. Me dieron “arroz plateado”, esto es, arroz blanco, el cual no podías comer seguido en aquellos días, servido por su esposa que había recuperado la compostura. Después me fui a casa.

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