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Una vida en el Aikido (09)

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por Gozo Shioda

Aiki News #80 (April 1989)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

La siguiente traducción de la biografía en idioma japonés titulada “Aikido Jinsei” (Una Vida en el Aikido) por Gozo Shioda Sensei del Yoshinkan Aikido es publicada con el amable permiso del autor y publicador, Takeuchi Shoten Shinsha. Estas series empezaron en el AIKI NEWS No. 72.

20 Días de Austera Disciplina

Para resumir reanudar el hilo de mi historia, Ueshiba Sensei y nosotros tres finalmente llegamos a la casa de Razan Hayashi la cuál era nuestro destino como había mencionado antes. Cuándo nos acomodamos después de limpiar la casa, Ueshiba Sensei nos amonestó con las siguientes palabras: “Vamos a llevar una vida ascética por 20 días empezando hoy. Durante este periodo comeremos comidas que consistirán en una clase de sopa y serviremos pescado o vegetales y arroz. También vamos a entrenar en la noche. Así que vayan teniendo en mente esto”.

Él nos dijo que las comidas frugales eran mejores para las personas y que la comida deliciosa era nuestro enemigo. De desayuno teníamos una pequeña ración de arroz, tres piezas de rábano adobado y sopa de miso. Comida y cena eran casi lo mismo. Durante el periodo de veinte días de entrenamiento solo comimos pescado dos veces. El pescado nunca supo más delicioso como en aquellos tiempos. Naturalmente, los tres de nosotros nos turnábamos para preparar los alimentos. Nos levantábamos a las cinco de la mañana, para hacer cortes con nuestros bokken (espadas de madera) quinientas veces, y después practicábamos como mover nuestros cuerpos. En ese tiempo el método de enseñar era diferente al de hoy. No había nada de que, “Pon tus pies en tal y tal ángulo” o “Mira en la dirección de tus manos”, etc. Ueshiba Sensei nos mostraba como movernos y nos decía que practicáramos nuestras habilidades y pusiéramos nuestra mente en unidad con la naturaleza. Nosotros solo imitábamos sus movimientos si entender nada de lo que decía. Hacíamos eso por una hora. Después preparábamos el desayuno. Primero, hacíamos el desayuno para Ueshiba Sensei, y nos turnábamos para servirle. Después de que terminaba su desayuno empezábamos a comer. Tomábamos un descanso después de limpiar la mesa. A las diez practicábamos taijutsu (técnicas a manos libres) por dos horas. Después de comer, descansábamos hasta las tres de la tarde. De tres a cinco entrenábamos otra vez. Nuestra forma de entrenamiento era, por ejemplo, agarrar las manos u hombros de Ueshiba Sensei o agarrarlo por detrás y él se liberaría de nuestro agarre. El meramente nos diría, “Domínenlo y olvídenlo”

Tomar Notas no está Permitido

Después practicábamos las técnicas que aprendíamos repetidamente. Cuándo tomábamos notas de nuestro entrenamiento, Ueshiba Sensei se ponía muy enojado con nosotros. El nos amonestaba diciendo que deberíamos aprender exclusivamente a través de nuestros cuerpos, no de nuestros cerebros y que deberíamos aprender exclusivamente a través de la práctica. El nunca nos permitía tomar notas. Después de que cenar, nuestro régimen diario finalizaba. No teníamos radio y solo leíamos libros. Ueshiba Sensei nos ordenó leer revistas tales como “Kodan Kurabu” y “Kingu” las cuales eran llenadas de historias de batallas y grandes espadachines. Uno de nosotros leía revistas mientras los otros de los dos masajeaban los hombros y espalda de Ueshiba Sensei.

Nosotros podíamos, sin embargo, ser libres después de las nueve de la noche cuando nos retirábamos a la cama. Pero ya que estábamos en una montaña no podíamos visitar la zona roja del pueblo. Así que, nos íbamos a la cama como a las diez después de leer revistas.

Sin embargo, cada tercer día, Ueshiba Sensei se levantaba alrededor de las dos o tres de la mañana en noches sin luna y decía, “¡Ahora vamos a practicar en la oscuridad!” Nos poníamos nuestros trajes de entrenamiento y nos dirigíamos a un lugar en el Monte Kurama en dónde Ushiwakamaru (nombre de la niñez de Yoshitsune Minamoto) solía entrenar. Estaba oscuro como el alquitrán. Ueshiba Sensei usaba una cinta blanca en la cabeza y blandía una espada real. Mientras lo iba siguiendo, el me decía, “Shioda, ahí hay un hoyo, una piedra y un árbol”. El podía caminar muy rápido y podía ver como un gato en la oscuridad. Yo, sin embargo, no podía caminar rápido por que no podía ver nada. Cuando llegábamos a nuestro destino, después de encontrar muchas dificultades, nos armaba con un bokken y decía, “¡Golpeen en la cinta blanca que tengo en la cabeza con todo lo que tengan! ¡Golpeen fuerte!” Así que cada uno de nosotros golpeó con todo lo que tenía. Teníamos mucho miedo por que Ueshiba Sensei estaba usando una espada real. Al momento que golpeaba a su banda de la cabeza, que brillaba en la oscuridad, el lo esquivaba rápido y colocaba su espada sobre mi cabeza. El aire se cortaba por su espada ondeando sobre mi cabeza ligera pero amenazadoramente. Solo podría llamarlo kenpu (viento de la espada). Era tan raro que desafía a la descripción. Lo dejaré a la imaginación del lector. Cuándo terminábamos los veinte días de entrenamiento de esta manera, descendimos de la montaña. Teníamos esta sesión de entrenamiento especial una vez al año. ¿Qué obtuvimos de esta austera disciplina? Estoy seguro que pase cada uno de los veinte días muy seriamente y que estuve con la naturaleza. No podía pensar en nada más que estas dos cosas. Ciertamente, fue una oportunidad que tal vez nunca regrese. Esta es una de mis memorias de aquellos días en el Ueshiba Dojo.

El Participante en la Conspiración de Kobe

Como lo mencioné anteriormente, los miembros del Ueshiba Dojo enseñaron en la Escuela Nakano. En ese tiempo, uno de instructores avanzados en la escuela era el Mayor Ito. El fue un líder activo del grupo el cuál estaba afanado en derrotar a los Estados Unidos y a Bretaña y había también hombres de espíritu público. El solía venir a nuestro dojo de forma privada y estaba en términos amistoso con Ueshiba Sensei. Aunque yo era un fresco universitario en ese entonces, era más o menos capaz de enseñar. Entonces cuando Ueshiba Sensei no era capaz de ir a la Escuela Nakano, yo le enseñaba a los jóvenes oficiales a los incluyendo primeros y segundos tenientes que había ahí.

El Mayor me trataba afectuosamente y me invitó a su casa repetidamente. Un día lo visité en su casa, una simple, residencia al estilo antiguo muy a la conveniencia de un hombre militar.

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