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Una vida en el Aikido (10)

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por Gozo Shioda

Aiki News #81 (July 1989)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

La siguiente traducción de la biografía en idioma japonés titulada “Aikido Jinsei” (una vida en el Aikido) por Gozo Shioda Sensei del Yoshinkan Aikido es publicada con el amable permiso del autor y publicador, Takeuchi Shoten Shinsha. Estas series empezaron en el AIKI NEWS No. 72.

Capítulo 3: Días de andanza

En Abril 1941, finalmente me gradué de la Universidad Takushoku. Debido a mi participación en el incidente de Kobe como lo mencioné anteriormente, el Ministro de Guerra, Shunroku Hata probablemente pensó que no sería buena idea para mí estar en Tokio. Tiempo después, el ocupó el importante puesto de Comandante General de la Fuerza Expedicionaria en China. Así el emitió un anuncio oficial de mi cargo citándome como su secretario privado al mismo tiempo que me gradué de la universidad.

Hacia China

Ya que era mí mas apreciado deseo el embarcarme a una gran aventura. Empecé las preparaciones para dejar mi nuevo puesto considerándolo una oportunidad para tratar de ganar fortuna como un hombre. Fui a China solo a principios de Mayo de 1941. Tan pronto como llegué a Nanking fui a la casa del Comandante General. El General Hata fue muy hospitalario y le ordenó a un empleado civil de la armada un uniforme para mí. En ese entonces, los empleados civiles de la armada eran clasificados con una insignia indicando su clase. Yo no tenía ninguna insignia en particular y era un “lord steward” sin corona. En aquellos días mi salario mensual era de 100 yenes. El valor del dinero era muy diferente del de ahora y 100 yenes duraban bastante en aquellos días. Todas mis comidas eran proveídas por los cuarteles generales y vivía en una residencia oficial. Difícilmente pagaba por algo. Yo solía tratar a los soldados y beber con ellos como mis camaradas. Vivía en circunstancias muy cómodas. Aunque era un secretario privado, no tenía nada que hacer. Como Adjunto N. alojaba el trabajo Yo holgazaneaba en mi tiempo todo el día.

Como dice el viejo refrán. “La mente holgazana es el “lugar de juego” del diablo” y nada bueno resulta si un joven pasa su tiempo sin trabajar. Pensé sobre muchas cosas mientras pasaba el tiempo, y decidí visitar al Teniente Coronel Sakurai en Yusuichin, en dónde Jiang Jie-shi y Sou Birei se supone que habían tenido su nidito de amor en los viejos tiempos. Yusuichin es un parque de cerca de cuarenta kilómetros desde Nanking y es parecido a lugares como Hakone o Atami en Japón. En ese tiempo era un parque de salud para los soldados enfermos y heridos de la armada. El Coronel Sakurai era un hombre de corazón recio y directo. El había recuperado su salud después de un intento de harakiri. Tenía muchas ganas de verlo. Le pedí permiso al General Hata, pero el me rechazó tajantemente. Parecía que el camino a Yasuichin era un área sin ley infestada con bandidos y muy peligrosos. Fui con el General Hata otra vez para renovar mi apelación. Debido a mi ardor juvenil quería tomar el riesgo y ver al Coronel Sakurai. El General otra vez se rehusó tajantemente. Me enojé y dije, “¡No me queda nada mas que ir por mi cuenta! Cuando iba dejando el cuarto, el General habló con voz resignada y le dio alguna orden al Adjunto N.

Un tiempo después. El General Hata dijo, “Las preparaciones se han hecho ahora”. Yo dije haciendo una reverencia, “Muchas gracias” y me fui. Para mi sorpresa, el número de placa del carro decía “Soichi”, pertenecía al General, y había un camión al frente y atrás del carro, cada uno con veinte soldados con metralletas y carros a los lados también con metralletas a la izquierda y a la derecha. Me sentí profundamente avergonzado. Tenía el carro del Comandante General y comenzamos el viaje. Todos los soldados en el camino me saludaron. Debió haber sido al carro en vez de mí.

Tratando a los Soldados con un Gran Agasajo

No pasó nada y llegamos a nuestro destino después de una hora. Hablé con el Coronel Sakurai sobre muchas cosas y empecé mi camino de regreso a casa.

Sentí pena por los más de cuarenta soldados quienes tomé conmigo por mi egoísmo. Decidí recompensarlos recompensándolos con una copa de sake Iaochu en un lugar de placer en un suburbio de Nankin en el camino de regreso a casa. En ese tiempo un sistema que se usaba era que los empleados de los cuarteles generales tenían boletitos, que emitíamos firmados por la Sección de Contabilidad General, y podían usarlos para comer u obtener cualquier cosa que necesitaran si los firmábamos y los manejábamos. Al principio, intenté festejarlos solo con una copa de sake. Sin embargo, me puse valentón y lo siguiente fue festejarlos con una gran cantidad de comida y bebida por que tenía muchos boletitos. Todos estaban muy felices y me dijeron, “¡Sr. Shioda, vamos frecuentemente a Yusuichin!” Regresamos a casa con ánimo exaltado. La cuenta por esta salida fue de 3,000 yenes, ahora, 3,000 yenes no son mucho, pero en aquel tiempo era una gran suma de dinero. Los salarios iniciales de compañías privadas para graduados universitarios en aquellos días eran como siguen: 75 yenes para los graduados de universidades nacionales, 70 yenes para los graduados de universidades privadas, y 55 yenes para los graduados de colegios especiales (colegio presente junior). Esta cantidad era como mi salario de dos años y medio. Si tú lo comparas con esto, figúrate una idea de la enorme suma de dinero que era.

Cuándo me fui estaba de buen humor, pero cuando regresé las cosas eran diferentes. Tan pronto como llegué de regreso, el General Hata me regaño completamente. Yo estaba complacido por mi buen comportamiento y después de unos días el General me llamó y dijo, “¿Por qué no vas a Beijing y trabajas como maestro de escuela por un tiempo?” Ya que estaba aburrido consentí instantáneamente la idea.

El me dijo, “Voy a escribir una carta de introducción a cierta persona. Ve con él” El le escribió mi carta al Sr. C. Al siguiente día, me fui a Beijing en un avión militar a mi destino, el Hanazono Manor?. Era una escuela en donde el idioma japonés se les enseñaba a los jóvenes Chinos. Ahí me encontré con el Sr. C para reportar mi llegada. El parecía ser una bien educada y honorable persona. Después supe que el era idolatrado como un padre amoroso por el pueblo chino. El me trató con cortesía tal vez por que tenía una carta de introducción y me dijo a detalle la naturaleza de mi trabajo. Mi puesto en la escuela fue como la de director a cargo de los asuntos del cuerpo administrativo. El trabajo no era difícil. Yo guardaba el libro de asistencias del cuerpo de trabajadores que venia a la escuela a las nueve a.m. en cada alojamiento y daba un discurso cuando la escuela abría y cerraba cada día. No tenía otro trabajo que hacer. Ya que me habían dado un carro yo gustosamente manejaba en los alrededores. Yo era capaz de manejar ya que antes había tomado lecciones. No era necesario meterse en problemas por obtener una licencia de conductor en el campo de batalla.

Recibiendo Gasolina en Nombre de los Cuarteles Generales

Sin embargo, aun en Beijing, como en Japón, la gasolina era racionada entre el público general. El Sr. C me dijo que usara el carro para ir y venir de la escuela a mi alojamiento en los suburbios de Beijing.

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