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Una Vida en el Aikido (11)

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por Gozo Shioda

Aiki News #82 (October 1989)

Traducido por Fernando Villanueva Soto

La siguiente traducción de la biografía en idioma japonés titulada “Aikido Jinsei” (una vida en el Aikido) por Gozo Shioda Sensei del Yoshinkan Aikido es publicada con el amable permiso del autor y publicador, Takeuchi Shoten Shinsha. Estas series empezaron en el AIKI NEWS No. 72.

Encontrando a un Viejo amigo en Formosa

El cuerpo de trabajadores de la Embajada (del Imperio Japonés) en Formosa (hoy Taiwan) se sorprendieron de estos recuerdos, que eran las pistolas Checoslovacas, y estuvieron muy complacidos de nuestra llegada sanos y salvos. El Sr. Uraoka estaba tan complacido con mis heroicas acciones, que casi estaba tan orgulloso como si él las hubiera hecho. Continué viviéndomela, y pronto gasté casi todo el dinero que tenía. Para el tercer día, tenía que irme pero me faltaba aun el dinero de viaje para continuar mi jornada, y tuve que pedirle al General Hata algo mas de dinero El envió trescientos yenes, escribiendo, “Este dinero es el último”. Fui a la Fuerza Expedicionaria en Shangai en donde recogí el dinero. Al cuarto día, deje Shangai, no en avión como la otra vez, sino en un pequeño barco, llamado el Rozan Maru, el cuál hizo conexión entre Shangai y Taiwán. Mientras el Rozan Maru encallaba en el puerto de Kirun, el Takasago Maru de Japón también se dirigía al mismo muelle. Yo estaba mirando en la cubierta del Taisago Maru y vi a Shiro Ogawa parado ahí. El me vio también y ondeó sus manos. Estaba sobresaltado con excitación y grité su nombre. El fue mi camarada en la Conspiración de Kobe. Impaciente aun durante la inspecciones de ropa, estábamos complacidos con nuestro encuentro y nos tomamos las manos. ”Tu en realidad sobreviviste la conspiración, ¿no fue así?” Ogawa me dijo, golpeandocon admiración. “No deberías decir tales cosas imposibles. Estoy muy bien, sin heridas físicas, como puedes ver” Le pregunté a Ogawa que quería decir realmente. De acuerdo con su reporte, la policía civil y militar en Japón estaba frenéticamente buscando a un Shioda, un maestro de Aikido, para arrestarlo lo mas pronto posible. Este Shioda, sin embargo, se rumoraba que estaba disfrazado en Shangai, y estaba esperando por la oportunidad correcta para asesinar a Wang Shing-wei, jefe del Imperio Celestial. Parecía que este rumor se había esparcido por todo Japón. Nada es tan fuerte como la inocencia, y no tenía la menor sospecha de que esa historia se hubiera esparcido en Japón. Por el contrario, yo continué disfrutando de las alegrías de mi juventud en Shangai, y gozando plenamente de los placeres de la vida, de día y noche. Ambos rompimos en carcajadas. Esa noche nos quedamos en una posada en Kirun y platicamos toda la noche.”¡Ogawa! ¿De todas las cosas que hay en el mundo por que viniste a Formosa?” Le pregunté. “Por la orden del Sr. ‘I’. Después de encontrarte en Taiwán, me ordenaron ir con el Teniente General Wachi contigo para hacer estudios de los países del sur. Así que por eso vine”. Me contestó. Al siguiente día empezamos el camino a Taipei juntos. Cuándo llegamos fuimos a un hotel para pasar la noche. A la mañana siguiente corrimos a los Cuarteles de la Armada de Taiwán y se nos ordenó aparecer ahí a las 10:00 a.m. Fui con el General, a quién una vez le tenía que dar la carta del General Hata. No es necesario decir, que no tenía idea de los contenidos de la carta, pero el la leyó, y me dijo. “Ya veo. Haré que mis subordinados hagan los arreglos inmediatamente para un avión a Canton”.

Una Semana en Canton

Yo había completado mi encomienda dándole la carta al General Wachi. Me fui solo a Canton en la mañana dos días después. Ogawa obtuvo un trabajo por el tiempo que pasó en el Nampo Kyokai (Asociación de Sur) la cuál era una asociación afiliada a la Armada de Taiwán. Su director era el Sr. Kikuchi, un Teniente General de la Armada Imperial Japonesa. En cuánto llegué a Canton en avión, visité los cuarteles generales, pero desafortunadamente el Teniente General Atomiya estaba fuera. Recibí un mensaje de llegar ahí, a las 11:00 a.m. la siguiente mañana. Así que fui otra vez a las 11:00 a.m. del día siguiente. El teniente General me recibió amablemente. Le di la carta del General Hata. El me dijo, “Eres bienvenido aquí”, y que agradecido de corazón por mis problemas. Esa noche, el hizo una gran cena-fiesta especialmente para mi. Cuándo le dije en la fiesta que después iría con el Teniente General Nagai en Hanoi, el me advirtió, “No deberías ir a Hanoi, por que desafortunadamente hay una epidemia de cólera. Yo mandaré esta carta al Teniente General bajo mi propia responsabilidad.” Yo de buena gana acepté su amable y oportuna oferta, dándole la carta, y pidiéndole que la enviara a Hanoi. El banquete se aproximaba a su clímax, y la noche se vistió. Yo me quedé esa noche en un cuarto de hotel reservado por el General. Como el cuarto era muy bueno y tenía una cama confortable dormí muy bien. Fui a los cuarteles otra vez a la siguiente mañana y le expresé mi más sincera gratitud por su calurosa bienvenida la noche anterior. “Si no tienes ningún negocio urgente, ¿te gustaría quedarte por una semana para hacer algunas visitas?” Decidí quedarme por su recomendación. Los cuarteles generales contrataron a un intérprete para mí, y como resultado esa semana me dejo con los recuerdos más impresionantes y tranquilos de mi juventud. Visité para mi agrado, los lugares mas famosos e históricos dentro y alrededor de Canton.

Capítulo Cuatro: En los Países del Sur

Regrese a Formosa al final de Agosto. Una vez que me encontré al Teniente General Wachi para expresarle mi gratitud, le dije, “me gustaría regresar con el General Hata en Nanking. Tu amigo, Ogawa, se enroló en la Asociación del Sur. ¿Te gustaría unírtele? Tus deberes serán supervisar y enseñar japonés a trece vietnamitas (quienes estaban conspirando para ganar la independencia de Vietnam del control del poder Francés) quienes fueron encontrados en la Indochina ocupada por Francia cuándo la Armada Japonesa Taiwanesa entró ahí” El me urgió para trabajar en la Asociación del Sur. Aún si fuera a trabajar a Nanking, pensé, que no sería capaz de encontrar un trabajo apropiado. Pensando eso, si me unía, podría pasar tiempo con mi camarada, Ogawa. Decidí volverme un miembro del grupo también. El General Wachi me dijo después que en la carta que le había escrito el General Hata, él le había pedido que hiciera un esfuerzo en encontrarme un trabajo en Taiwan. Gracias por las molestias que se había tomado en encontrarme este trabajo. Ahora, ¿como le podría explicar esto al General Hata? Le pregunté. “Yo le explicaré todo con detalles”, el prometió. Así, si la mas mínima ansiedad, dejé mi futuro en las manos del General Wachi. El inmediatamente escribió una carta de introducción dirigida al Director General de la Asociación de Sur. “Ya que le habaré de ti por teléfono, puedes ir cuando quieras”, me dijo.

Puesto con la Asociación del Sur

Al siguiente día, fui a la Asociación en donde conocí al Sr. Kikuchi, el Director General, y fui formalmente admitido como miembro. Me pagaban noventa y cinco yenes por mes. Ogawa ya se había ido a enseñar a Hokuto. Se tardaba como dos horas en tren de Taipei a Hokuto, un caluroso pueblo, no muy diferente de Atami en Japón. Tenía un valle en el cuál muchas villas de las más ricas y famosas personas de Taiwan se localizaban. La armada Formosana prestaba una villa a ciertos formosanos influyentes en donde albergaban y cuidaban a trece patriotas. Hakuto también esta un cuartel divertido. Hileras de restaurantes, bares, y casas de te, sus linternas rojas entusiasmando seductivamente, haciendo señas a los jóvenes como nosotros para probar sus delicias. Pero en otras formas, Hokuto era realmente un maravilloso lugar.

Fui a Hokuto con altas esperanzas y grandes sueños. Cuando me encontré con mi viejo amigo Ogawa otra vez, me sentí tan feliz como si me encontrara con mi amante. Estaba tan complacido. Platicamos y bebimos sake hasta tarde en la noche. Como el lo describió, la sustancia de mi trabajo era menos difícil de lo que había imaginado, y sería capaz de hacer mis deberes fácilmente. Nos levantamos cada mañana a las 7:00 a.m. y después de que se izaba la bandera nacional japonesa, teníamos un desayuno preparado por cocineros vietnamitas. Los platillos vietnamitas, con pimientos rojos en casi todo, eran muy picantes para mí. Trataba de comerlos, pero era en vano. Siempre deje la mayoría de mis comidas en el Plato. Las lecciones de japonés empezaban a las 10 a.m. Les enseñaba lo mas rudimentario de la pronunciación en japonés, “a, i, u, e, o” hasta las 11:30 a.m. . De las 2 hasta las 3:30 p.m. trabajábamos en la granja. Ese era nuestro horario diario. Ogawa y yo teníamos tiempo libre cada día a partir de las 4 p.m. El domingo era un día santo, y a los vietnamitas se les permitía salir de 8 a.m. a 6 p.m. y hacer lo que quisieran.

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