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Yukiyoshi Takamura

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por Stanley Pranin

Aikido Journal #117 (1999)

Traducido por Sergi Recio y Iosune Salinas

Tras recibir instrucción especial en Shindo Yoshin-ryu jujutsu de niño, un Yukiyoshi Takamura todavía adolescente dejó el Japón y, con el tiempo, acabó instalándose en San José, California. En los años 60 y 70 llevó un dojo en California en el que escogió proporcionar una instrucción rigurosa a un reducido número de alumnos decididos. Su arte, llamado en la actualidad Takamura-ha Shindo Yoshin-ryu, encarna la filosofía y el espíritu de una era pasada adaptados a un entorno occidental. Las profundas percepciones de Takamura sensei respecto a la esencia de las artes marciales sorprenderán y serán un estímulo para los modernos practicantes del budo.

Para los lectores que no estén familiarizados con el sistema Shindo Yoshin-ryu, ¿querría hablarnos de su origen y características?

Shindo Yoshin-ryu fue fundado por un vasallo del clan Tokugawa, Katsunosuke Matsuoka en 1868. Matsuoka sensei estudió Yoshin-ryu, Hokushin Itto-ryu, Jikishinkage-ryu, Tenjin Shinyo-ryu jujutsu y Hozoin-ryu. Basó Shindo Yoshin-ryu en Yoshin-ryu, pero también añadió conceptos de las otras escuelas. Pensaba que el concepto de Yoshin-ryu de defensa pasiva era incompleto y necesitaba heiho (tácticas) activas para compensarlo. Los caracteres japoneses originales de Shindo Yoshin-ryu significaban “nuevo espíritu del sauce”, pero pronto se cambiaron a “espíritu del sauce sagrado”.

El curriculum original de Shindo Yoshin-ryu se podría considerar más bien un bujutsu que jujutsu, porque el mokuroku (currículum) incluye muchas técnicas de armas. Sin embargo, la popularidad del judo y el decreciente interés por la práctica de las armas hizo que una gran parte de su influencia se perdiera en los albores del siglo XX en las principales tradiciones marciales.

Las raíces principales de nuestra escuela concreta comienzan hace bastantes años. Mi abuelo Shigeta Ohbata era originariamente un alumno de Yoshin-ryu de Hikosuke Totsuka, al igual que Matsuoka. Al parecer Totsuka era fantástico. Mi abuelo practicaba en su dojo antes de conocer a Matsuoka sensei. En su día, se decía que Totsuka no tenía rival. Su calidad técnica era soberbia. Se dice que en su mejor época no fue derrotado ni siquiera por rivales mucho más grandes y fuertes que él.

A pesar del gran respeto de mi abuelo hacia Totsuka, dejó Yoshin-ryu tras conocer a un alumno de Matsuoka llamado Ishijima. Shigeta acabó recibiendo un menkyo kaiden (licencia de instrucción) en Shindo Yoshin-ryu hacia 1895. Matsuoka y Shigeta aprendieron Jikishinkage-ryu con Kenkichi Sakakibara, por lo que desarrollaron una gran amistad. Mi abuelo no tenía intención de iniciar su propia escuela, pero lo acabó haciendo a principios del siglo XX. Se conocía como la escuela Ohbata. Con la ayuda de un amigo apellidado Hasegawa construyó su propio dojo en el distrito de Asakusa, en Tokio.

Shindo Yoshin-ryu es muy conocido en el mundo del karate japonés porque Hidenori Otsuka, el fundador de Wado-ryu jujutsu kenpo (karate), recibió un menkyo kaiden en Shindo Yoshin-ryu. Una confusión común en muchos practicantes de Wado-ryu es que Hidenori Ohtsuka se convirtió en el líder de Shindo Yoshin-ryu. Si bien recibió un menkyo kaiden, otras personas también lo recibieron, lo que dio lugar a diferentes escuelas. La línea original (Matsuoka) se transmitió mediante Motoyoshi Saruse a Tatsuo Matsuoka y todavía existe hoy en día en Japón.

Sensei, ¿cuándo empezó su instrucción en las artes marciales?

No lo sé con certeza. Mis recuerdos del dojo se remontan muy atrás. Tanto mi padre como mi abuelo me hicieron practicar desde muy joven, y ya entonces estaba muy habituado al dojo, así que probablemente empecé mi instrucción a los 5 o 6 años.

¿Le enseñaron su padre y su abuelo?

Sí. Como he comentado, mi abuelo recibió su licencia de instrucción de Katsunosuke Matsuoka, y él a su vez instruyó a mi padre. Ambos me instruyeron a mí. Matsuhiro Namishiro Sensei continuó mi instrucción tras la muerte de mi madre y mi abuelo.

¿Nos podría hablar más de Namishiro sensei?

Era uno de los alumnos más aventajados de mi abuelo y el amigo más íntimo de mi padre. También había practicado con profundidad Shinkage ryu kenjutsu y Shindo Muso ryu jojutsu. Fue la principal influencia en mi técnica de espada. Aunque mi abuelo había practicado Jikishinkage Ryu con Kenkichi Sakakibara y había enseñado ese arte a mi padre, la mayor parte de la instrucción que me dieron fue en Shindo Yoshin Ryu. Aprendí muy poca técnica de espada de mi padre y de mi abuelo.

Es obvio que mi abuelo consideraba la transmisión de su licencia en Shindo Yoshin Ryu de extrema importancia. Su intención era trasmitirla a mi padre a su regreso victorioso de la Guerra contra Estados Unidos. Sin embargo, en algún momento de1944, la realidad de lo que estaba sucediendo en la Guerra del Pacífico debió hacerle comprender que mi padre podía no regresar jamás. Cuando contaba sólo 16 años mi abuelo me hizo entrega formal de un menkyo kaiden en el dojo. Se trataba de un acto puramente simbólico, puesto que de ningún modo tenía yo la competencia suficiente como para merecer la licencia. En privado dio instrucciones a Matsuhiro Namishiro Sensei para que completara mi instrucción si él y mi padre no sobrevivían a la guerra. Confirmando sus temores, ambos fallecieron en 1945.

¿No temía su abuelo que Namishiro sensei también pudiera fallecer?

No. Con anterioridad a la guerra Namishiro sensei sufrió un grave accidente durante un entrenamiento de kenjutsu, en el que quedó totalmente ciego del ojo izquierdo. Esta lesión le incapacitó para el servicio militar, pero no pareció afectar a su capacidad marcial. Tras la convalecencia era tan bueno como había sido siempre. A menudo tratábamos de aprovecharnos de su visión reducida, pero era como si pudiera ver incluso mejor con un ojo menos. En ocasiones llevaba una especie de parche. La cuenca de su ojo con la cicatriz constituía un grotesco recordatorio de la seriedad de la práctica del kenjutsu. A veces se quitaba el parche y se ponía un ojo de madera con un corte pintado para asustar a sus oponentes durante una competición. Recuerdo una ocasión en que un joven con aires de duro y vestido de uniforme entró en el dojo diciendo que cruzaría su bokken con cualquiera. Namishiro Sensei se levantó el parche y replicó que el también había sido igual de arrogante, pero que haber sobrevivido le enseñó a ser más humilde. El joven se escabulló por la puerta mientras sensei explicaba lo difícil que era encontrar esposa teniendo la pinta que él tenía. En cuanto el tipo se fue, Namishiro Sensei se puso a reír a carcajada limpia. Fue algo digno de ver.

Antes ha comentado los orígenes de la escuela Takamura. Parece tener una clara influencia de Shinkage-ryu kenjutsu.

Sí, la influencia de Namishiro Sensei dejó una profunda huella en la escuela Takamura. Era un gran instructor y su experiencia en Shinkage-ryu influyó mucho en mi práctica. Su comprensión de los conceptos marciales y los secretos de Shinkage-ryu es obvia en nuestra escuela, especialmente en los niveles más altos. Aunque mi padre y mi abuelo habían practicado Jikishinkage-ryu, fue el Shinkage-ryu que aprendí de Namishiro sensei lo que más influyó en mi kenjutsu. Es una consecuencia lógica que muchos de estos conceptos se incorporaran a la escuela Takamura.

¿Fallecieron su padre y su abuelo durante la guerra?

Sí. Mi padre, Hideyoshi Ohbata, era un oficial de alto rango en el ejército y fue dado por muerto en Saipan hacia el final de la guerra. Mi abuelo desapareció en uno de los incendios que asolaron Tokio durante las series de bombardeos americanos. Creemos que se encontraba en la zona de Asakusa en casa de un amigo cuando murió. Toda esa zona de Tokio quedó completamente arrasada por los bombardeos. Cierta mañana tenía que asistir a una reunión en la que se encontrarían la prensa y algunos políticos locales, y no se presentó, lo que resultó muy extraño. Inmediatamente corrió la voz y muchos de sus amigos y alumnos empezaron a buscarle. Muchos de sus amigos tenían contactos en la policía y consiguieron que su búsqueda se intensificara, pero jamás se le pudo hallar. Fue una gran pérdida.

Ha comentado que el dojo de su abuelo se hallaba en Asakusa

Sí, Asakusa está en la parte norte de Tokio. Creo que el dojo se hallaba entre Sensoji y el santuario de Otori. Un hombre pudiente que se apellidaba Hasegawa ayudó a mi abuelo a levantarlo, ya que además de ser su alumno estaba en el negocio de la construcción. En la época en que yo practicaba, él ya no iba por el dojo, pero mi abuelo le mencionaba a menudo. En los bombardeos durante la Guerra el dojo resultó destruido. Yo nunca lo vi tras los bombardeos, pero Namishiro sensei sí. Las lagrimas le corrían por la cara cuando volvió. Dijo que no se pudo salvar nada, ni siquiera las espadas de mi abuelo.

¿Se llegó a reconstruir el dojo?

No. Hace algunos años tratamos de localizar la ubicación original del dojo, pero todo estaba muy cambiado. Fue imposible determinar el emplazamiento exacto. Hasta las calles son diferentes ahora. Algunos elementos distintivos me decían que me encontraba cerca, pero como he dicho todo había cambiado mucho. La última vez que vi el dojo de mi abuelo tendría yo unos 15 ó 16 años. Dejamos Japón poco después de que el dojo fuera destruido para acabar estableciéndonos en Suecia. Regresé al Japón en numerosas ocasiones a lo largo de los años, pero hasta hace muy poco no había intentado encontrar la ubicación del dojo. Mi madre se había mudado a su primera casa en Otsu, así que tuve muy pocas oportunidades para buscar.

Ha señalado que su abuelo estudió directamente con Kenkichi Sakakibara, uno de los artistas marciales más destacados del final del siglo XIX. ¿Nos podría decir qué recuerda haber oído de la experiencia de su abuelo practicando Jikishinkage-ryu y qué sabe acerca del famoso instructor? Al parecer, Takeda Sokaku también estudió con Sakakibara sensei, y me pregunto si es esta la conexión entre su abuelo y Sokaku.

Desgraciadamente, sé muy poco acerca de Sakakibara sensei, excepto que mi abuelo le conoció durante una demostración y que le profesaba una veneración casi divina. Una cosa que sí recuerdo y de la que me habló Namishiro Sensei fue la aptitud de mi abuelo en “heiho activa de ippatsu” (victoria instantánea con un solo golpe). Él atribuía esta táctica a Sakakibara sensei y dijo que influyó en su decisión de dejar Yoshin-ryu y empezar a practicar Shindo Yoshin-ryu.

Revisando mis notas he constatado que Sakakibara, según cuenta Namishiro Sensei, tenía un kenjutsu bastante agresivo. Esto influyó a Namishiro sensei en su aplicación de las técnicas y en su modo de instruirme. Hablaba especialmente de cuánto admiraba Shigeta la estrategia de Sakakibara de usar fintas y contratempo seguidos por un ataque muy fuerte. El uso de los movimientos de cadera en una buena finta es extremadamente importante, porque sin ellos la finta fallará al enfrentarse a un oponente experimentado. En mis notas también he encontrado referencias al concepto de heiho totsuzen-totsuken. Esto se refiere a un ataque desde el subconsciente, tan veloz que ni tú mismo sabes que los has hecho. Es algo que se da sólo en los espadachines más avanzados y peligrosos. Es una técnica de verdaderos maestros.

Tampoco sé mucho de Sokaku Takeda sensei. Creo que era un alumno residente de Sakakibara sensei, pero no me parece que mi abuelo y Takeda sensei practicaran en el dojo en la misma época. Si lo hicieron, mi abuelo nunca lo mencionó. No tengo tantos recuerdos de estas cosas.

Es curioso, hace veinte años nadie había oído hablar de Sokaku Takeda. Ahora me preguntan por él constantemente. Su revista ha sacado algunos artículos muy buenos sobre él. Muchos intentan minimizar la influencia que tuvo Takeda sensei en el Aikido, y es una lástima, porque es una falta de respeto tanto hacia Ueshiba como hacia el propio Takeda. ¿No sería igualmente una falta por parte de mis alumnos minimizar la influencia de mi abuelo en lo que yo enseño actualmente? Es cierto que lo que enseño y el modo en que lo enseño es bastante diferente de lo que él me enseñó, pero su influencia siempre estará ahí y merece el reconocimiento apropiado.

Muchos pretenden hacer de Ueshiba un dios, y eso es una tontería. Ueshiba sensei era un hombre. Quizás tanto hablar de Takeda Sensei hará que el mundo del Aikido vuelva a poner los pies en el suelo. Sin embargo, muchos se resistirán, porque es más fácil convencer a la gente de que siga a un dios.

Tengo entendido que su abuelo también conoció a Kotaro Yoshida, que era uno de los alumnos principales de Sokaku y llegó a recibir un kyoju dairi o certificación como instructor. ¿Cuál era su relación?

Mi abuelo trabajaba para un periódico de Tokio como reportero y viajaba con frecuencia. Tenía muchos contactos en el gobierno y en el mundo de la política. Conoció a Kotaro Yoshida en uno de sus viajes. Yoshida Sensei y mi abuelo descubrieron que tenían mucho en común, por lo que presentó a mi abuelo a Takeda Sensei. Sé que mi abuelo se encontró en numerosas ocasiones con Takeda Sensei, pero no estoy seguro de cuándo o dónde. Es posible que fuera en Hokkaido, porque mi abuelo Shigeta viajaba mucho. Tengo la impresión de que Yoshida sensei dejó más huella en mi abuelo que Takeda sensei. No sé por que tengo esta impresión. Tal vez sea simplemente que hablaba más de Yoshida sensei. Sé que mi abuelo estaba muy impresionado por la técnica de Yoshida sensei y lo consideraba un artista marcial de fenomenal capacidad. Yoshida sensei fue un elemento clave en que Morihei Ueshiba fuera presentado a Sokaku Takeda. También es conocido por haber enseñado a Mas Oyama, el fundador del karate Kyokushinkai, y a Richard Kim. Mi abuelo adoptó varios conceptos y técnicas de Yoshida Sensei y los enseñó en el dojo. Todavía practicamos esas formas como parte de la escuela Takamura.

Sé que Yoshida Sensei y mi abuelo todavía viajaban juntos, en ocasiones con posterioridad a 1930. En varias ocasiones Yoshida Sensei visitó la casa de mi padre junto con mi abuelo. Recuerdo que tenía miedo de Yoshida sensei. Vestía de modo raro y además a veces me daba sustos. ¡Una vez hasta me llegué a esconder bajo el suelo al enterarme de que Yoshida sensei iba a venir! Ahora resulta gracioso recordarlo.

Posteriormente me enteré de que Kotaro Yoshida tenía un hijo llamado Kenji. Es interesante, porque mi abuelo jamás mencionó que Yoshida tuviera familia o hijos. El hijo viajó a Estados Unidos y con el tiempo transmitió el arte de su familia a un alumno americano, que se llama Don Angier. Pude ver varias demostraciones suyas en Los Ángeles hace muchos años. Si no recuerdo mal, era oficial de policía en esa época. Tiene una calidad técnica excelente.

Tengo una vieja fotografía de mi abuelo con Yoshida sensei, Takeda sensei, Hiratsuka sensei e Inazu sensei. No estoy seguro de cuándo o dónde se tomó. Una anécdota interesante es que hace varios años Don Angier sensei me hizo llegar una fotografía de Kotaro Yoshida Sensei a través de un alumno común, Toby Threadgill. En el grupo, además de Yoshida Sensei ¡está mi abuelo! Fue una gran sorpresa recibir una foto de mi abuelo de Angier sensei. Debe ser de 1935 o más tarde, porque mi abuelo aparenta la edad con la que yo le recuerdo.

Presuntamente Yoshida Sensei fue miembro de la así llamada “Sociedad del Dragón Negro”

Estoy convencido de que Yoshida Sensei era miembro de la Kokuryukai y de la Genyosha, al igual que mi abuelo Shigeta. Sé muy pocos detalles específicos de esos grupos. Sé que procuraron captar a muchos adherentes del bushido para su causa, para así aumentar su esfera de influencia. Ciertos miembros de las clases superiores, que no veían con buenos ojos un ejército de plebeyos, consideraban la versión militar del bushido como una distorsión de la ética samurai. Los auténticos samurai no eran plebeyos, por lo que un ejército plebeyo estaba abocado al fracaso. Usaron esta táctica con éxito para conseguir que personas de ascendencia samurai se unieran a esos grupos y al ejército. Fue un grave error de juicio y el papel que desempeñaron estos grupos en la destrucción del Japón no debe subestimarse. Pero también creo que muchos de los que se hicieron miembros de estas organizaciones no eran más que patriotas que no tenían conciencia de las intenciones imperialistas del Japón. A algunas familias todavía se les recrimina injustamente la pertenencia de sus mayores a estas organizaciones.

Por favor, háblenos del estado actual de la escuela Shindo Yoshin-ryu en Japón.

Hace mucho tiempo que no tengo contacto con el dojo de la línea principal Shindo Yoshin-ryu en Japón. La última vez que vi al director Tatsuo Matsuoka fue hacia 1970, creo, cuando me puse en contacto con él a través de Taro Kozumi, un alumno de Hidenori Ohtsuka y de Kinosuke Abe. Creo que Matsuoka Sensei falleció hace unos diez años. Esto dejó el futuro de la línea principal de la escuela en una situación incierta. También he oído que el dojo central fue víctima del fuego y no sé si se ha llegado a reconstruir. Creo que Fujiwara sensei esta a cargo del futuro de la línea principal de la escuela, pero no sé qué intenciones tiene. Ni siquiera sé cuantos dojo de la línea principal existen hoy en día en Japón. Lo último que oí es que había cuatro o cinco. Takagi Iso, hasta su reciente retiro, tuvo abierto un dojo de la escuela Takamura en Osaka. Su estudiante avanzado Hashimoto sensei está pensando enseñar en un nuevo dojo, pero todavía no hay nada en firme.

El dojo central de Wado-ryu jujutsu kempo todavía enseña Shindo Yoshin-ryu en Tokio. Por lo que tengo entendido, Shindo Yoshin-ryu no despierta mucho interés entre la comunidad Wado-ryu hoy en día. Es una lástima, puesto que Hidenori Otsuka, el fundador de Wado-ryu, tenía un menkyo kaiden en Shindo Yoshin-ryu. Recibió su licencia de Tatsusaburo Nakayama sensei hacia 1921. Mi abuelo conocía muy poco a Otsuka, pero le tenía en gran consideración. Era un hombre de una reputación excepcional. Espero que Wado-ryu no pierda sus raíces de jujutsu, que lo convierten en uno de los pocos estilos de karate que tienen una ascendencia de bujutsu. Sé que algunos dojo de Wado-ryu se mantiene la influencia del jujutsu como en épocas anteriores. Kozumi sensei vino a mí en 1968 procedente de Wado-ryu con una excelente habilidad en jujutsu. Muchos años después, uno de nuestros actuales instructores principales, Toby Threadgill sensei, llegó a mí procedente de un sensei de Wado-ryu llamado Gerry Chau, también con un conocimiento sobresaliente de Shindo Yoshin-ryu. Es lamentable que esto sea la excepción hoy en día. La competición deportiva parece alejar el futuro de Wado-ryu de sus raíces en el jujutsu. Sería estupendo enterarme de que esta impresión está equivocada.

Antes ha comentado algo que me parece de mucha importancia. Ha dicho que la escuela original de Shindo Yoshin-ryu es más correctamente un sogo bujutsu (sistema marcial global) que un jujutsu porque incluye instrucción de armas en su curriculum. ¿Querría hablarnos de las razones históricas para la eliminación de una gran parte de esos antiguos sistemas marciales, y de los pros y los contras de practicar las especializadas artes marciales modernas?

La idea moderna de que los antiguos jujutsu eran artes sin armas similares al judo no es correcta. En realidad hay muchas variedades de jujutsu que son muy diferentes en su esencia. El jujutsu más antiguo ha sido conocido como yawara, kumiuchi, kogosoku, hakuda, koppo, etc. La mayoría de estas artes son auténticos koryu (escuelas marciales clásicas) y se concibieron para su uso en el campo de batalla contra soldados equipados con armadura. La mayoría de estos sistemas no eran muy complejos, puesto que era enseñados en poco tiempo a ashigaru (soldados de a pie) e incluían armas sencillas. Algunos de los sistemas más complejos incluían técnicas avanzadas y armas, tales como kusarigama (hoz y cadena), tanto (cuchillo) o incluso kodachi (espada corta). Fueron desarrollados para que un samurai con armas y armadura ligeras pudiera enfrentarse con éxito a oponentes con equipamiento superior.

Durante el período Edo el jujutsu cambió, debido al prolongado período de paz. Para adaptarse a la nueva realidad de un entorno sin armadura los sistemas antiguos cambiaron al tiempo que se fundaban otros nuevos. Estas escuelas seguían incluyendo mucha práctica con armas, puesto que los principios y técnicas básicas con armas seguían siendo el núcleo de los sistemas marciales. Sin embargo, ciertas armas empezaron a caer en desuso a medida que otras iban ganado favor debido a las nuevas circunstancias. El fin de la guerra con armaduras vio el declive del uso del nagamaki (alabarda de hoja larga), yari (lanza) y otras armas.

Se potenció el uso de armas tales como el jutte (porra), tessen (abanico de hierro), sode garami (atrapamangas), tanto y jo. Los cambios en las técnicas con armas, que constituían el núcleo de un arte, afectaron a la aplicación de las técnicas sin armas. Con el tiempo, las técnicas sin armas desarrollaron un aire propio debido a la popularidad de las competiciones sin armas. Esto marcó el inicio del jujutsu tipo judo y el fin de muchas tradiciones clásicas. Con el cambio de siglo, muchas escuelas empezaron a dejar de Iaido la mayor parte del curriculum de armas, en favor del combate sin armas. La popularidad del judo, fundado por el Profesor Jigoro Kano, forzó un cambio aún mayor en muchas de las antiguas escuelas de jujutsu. El por qué de esto es un poco misterioso, porque la verdadera innovación del judo no se hallaba tanto en el campo de la técnica, como en la metodología didáctica. El Judo adoptó un enfoque más científico para la enseñanza y la explicación de las técnicas físicas. Las escuelas más antiguas de jujutsu seguían utilizando explicaciones místicas, usando el ki y otros conceptos similares. Las explicaciones científicas atrajeron a un mayor público al parecerles más modernas y superiores al misticismo marcial pasado de moda. Esto dio como resultado que el público adoptara el judo en detrimento del jujutsu y otras escuelas clásicas japonesas. Kano también logró hacer que el judo pareciera más de clase alta que el jujutsu. Esto fue muy astuto porque la realidad es exactamente la contraria. El judo es más un arte plebeyo, mientras que el jujutsu era un arte de la clase samurai.

De modo que a lo que comúnmente se llama jujutsu hoy en día no es, en su mayoría, el jujutsu de antaño. Lo que en general se practica hoy en día como jujutsu son en realidad pequeñas partes de sistemas marciales completos denominados bujutsu o bugei. Hay muchas razones para estudiar sólo una parte de un sistema marcial. La más obvia es el simple hecho de los cambios en las circunstancias. Los cambios en la tecnología y tácticas militares inevitablemente llevaron a que las armas cayeran en desuso. Allá donde un sistema de armas sobrevive, lo hace por razones distintas a su valor original. Esta es la razón por la que el iaido es más popular que el iaijutsu y el kendo es más popular que el kenjutsu. Ni la dimensión espiritual ni la deportiva de la espada existían cuando esta se inventó. La espada se desarrolló como instrumento de guerra. Otros aspectos de la esgrima aparecieron con posterioridad. La clase guerrera adoptó algunos de estos aspectos porque les resultaron beneficiosos, pero eran aspectos secundarios. El objetivo para un guerrero es la aniquilación del enemigo, y esto no debe olvidarse. Este hecho es lo que hace a un arte marcial sea, precisamente, “marcial”.

A veces un arte marcial u otro arte antigua mantienen su valor a lo largo de extensos períodos y a través de muchos cambios. Los samurai usaban el tanto como arma secundaria, pero el cuchillo sigue estando en el cinturón del soldado moderno como complemento a las modernas armas de fuego. Cuando piensas en ello, parece increíble. El cuchillo puede ser una de las más grandes armas de todos los tiempos, debido a su versatilidad. La historia parece confirmarlo.

Otra razón para estudiar solo una parte de un sistema de bujutsu es simplemente el tiempo. Hoy en día no somos guerreros las 24 horas. El mundo moderno solo nos deja cierta cantidad de tiempo para practicar, así que nos centramos en lo que resulta más realista estudiar. Estudiar un bujutsu en su totalidad sería un trabajo a jornada completa. Muy pocas personas disponen del tiempo o están dispuestas a hacer sacrificios de este calibre por el bujutsu. Es mejor aprender bien una parte de un bujutsu que aprenderlas todas mal. Y tenemos la libertad de estudiar lo que más nos atraiga. Unos aprenden espada, otros jujutsu, otros naginata (alabarda). Esto es muy bueno, porque da a las futuras generaciones opciones entre las que elegir.

Algunos consideran que estudiar solo jujutsu sin estudiar un bujutsu completo no es correcto. A mí esto me parece un punto de vista frívolo. Es mejor aprender algo bien que aprenderlo mal, o aprenderlo sólo para impresionar a los demás, o porque es elitista o difícil. Practicar para impresionar a alguien y no por ti mismo o por los profesores que te precedieron no es una motivación adecuada. A los mejores artistas marciales lo que les lleva a practicar es que les encantan sus artes, sus instructores actuales y los maestros del pasado, más que un interés superficial y egoísta.

Por último, estamos los que os hemos comprometido a aceptar los sacrificios de aprender y enseñar un bujutsu o bugei completo. No somos mejores que nuestros amigos que escogen una parte de un bujutsu o que practican un arte marcial moderno. Practicamos un sistema completo porque creemos y esperamos que haya un beneficio que haga que el sacrificio merezca la pena. Y lo hay: entender el núcleo histórico y técnico de una escuela marcial. Una tradición de bujutsu o bugei auténtica es un conjunto en el que todas las piezas encajan. Cada aspecto individual complementa a los demás y fortalece el conjunto. La toma de conciencia de que las técnicas individuales no son el arte, sino sólo un reflejo temporal de un conjunto más profundo de conceptos y estrategias marciales es muy revitalizante. Esto nos permite absorber y comprender los okuden (secretos del arte). El dominio de estos principios permite que una escuela marcial crezca con cada generación y fluya de las antiguas aplicaciones a las nuevas. En los okuden captamos el genio intelectual que se muestra tras años de practicar un auténtico bujutsu. Es como la firma de muchos maestros, cada una visible encima de la anterior, cada una parte de un todo mayor. Esto es lo que hace a una ryu (escuela o estilo) una ryu.

A los sistemas ensamblados a partir de elementos de diferentes artes, como karate mezclado con aikido, casi siempre les falta la impronta de un maestro. Sería mejor mantener los sistemas separados, porque combinarlos elimina las marcas de la sabiduría de todos los maestros anteriores. Son tradiciones separadas cuyos conceptos y elementos característicos realmente no son compatibles. Fueron concebidos en entornos diferentes y por motivos diferentes. Dejemos que sean lo que realmente son, y no que queden en un mal intento de algo diferente.

Tras la Segunda Guerra Mundial, dejó el Japón y acabó en Suecia. ¿Puede decirnos brevemente cómo fue eso?

Mi familia tenía un amigo, un diplomático que estaba en deuda con mi abuelo Shigeta Ohbata. Este amigo nos ayudó a mi madre y a mí a dejar el Japón. Mi abuelo había desparecido durante un incendio en Asakusa, pero había preparado nuestra partida con anterioridad, al temer que el Japón sería invadido por los ejércitos aliados. Mi abuelo temía especialmente represalias de los rusos por la victoria del Japón en la guerra ruso-japonesa. Primero fuimos a Argentina y luego a Suecia, usando el apellido de soltera de mi madre. Así es como acabamos aquí.

¿Cómo afectó a su instrucción marcial el dejar Japón?

No fue muy grave. Los dos primeros años en Suecia fueron muy difíciles, pero afortunadamente Matsuhiro Namishiro Sensei pudo trasladarse a Suecia poco después. Le había prometido solemnemente a mi abuelo completar mi instrucción, así que se mudó y enseguida se reanudó mi práctica. Esta situación se mantuvo hasta 1958, en que decidió volver a mudarse a Japón durante una de nuestras visitas a casa. Me dijo que mi instrucción ya estaba completa y que tenía que ponerme a enseñar. Creo que mucho le tenía que gustar Suecia, o habría regresado al Japón mucho antes. Cuando mi madre decidió regresar al Japón en 1949, pensé que querría animarme a volver con ella. En cambio, me animó a quedarme en Suecia. Eso me sorprendió mucho. Posteriormente me explicó que tenía que aprender a valerme por mí mismo fuera del Japón. Años más tarde, acabé trasladándome a Estados Unidos.

¿Qué le llevó a establecerse en Estados Unidos?

En un viaje de negocios en 1958 visité San Francisco y conocí a la que sería mi futura esposa Mishiko. Me convenció de que el clima aquí era mucho mejor que en Suecia. Y como tenía razón, ¡le pedí que se casara conmigo!

¿Querría hablarnos de su carrera como instructor en Estados Unidos?

Empecé a enseñar en San José, California en 1966, según recuerdo. En esa época el karate era muy popular y el judo también gozaba de mucha aceptación por su inclusión e los Juegos Olímpicos. Llamaba a lo que enseñaba “Ohbata-ryu judo-jujutsu”. Los grupos fueron muy pequeños durante bastante tiempo, y principalmente constaban de judoka y practicantes de lucha olímpica. Con el tiempo, Taro Kozumi sensei se convirtió en mi asistente. Como ya he mencionado antes, había estudiado Wado-ryu jujutsu kempo con Hidenori Ohtsuka. Aunque era bastante rudo en sus métodos didácticos, sus alumnos lo respetaban mucho. Trajo a muchos practicantes de karate. Hacia 1968 decidí adaptar el curriculum para enfocarlo a aplicaciones de defensa personal más realistas. Este proceso llevó cinco años de trabajo duro, pero mereció la pena. En 1972 decidí cambiar oficialmente el nombre del arte a “Takamura-ha Shindo Yoshin-ryu”. Cambiamos el kanji de “Shindo” del que significaba “sagrado” al que significaba “nuevo”. Esto se hizo en reconocimiento a los cambios sobre el currículo tradicional que adoptamos durante esa época.

¿En qué y cómo reorganizó el curriculum tradicional de Shindo Yoshin-ryu?

Ésta es una pregunta bastante compleja. Veamos si puedo explicarlo con claridad. Cualquier arte marcial es en realidad un conjunto de conceptos e ideas. Las técnicas físicas son importantes, pero no son los elementos definitorios de un estilo. He oído decir a algunas personas que esto no es cierto, por que ellos tienen técnicas secretas. ¿Y qué? Estoy seguro de que algún otro estilo tendrá técnicas parecidas a sus “técnicas secretas”. Yo más bien diría que lo que en realidad tienen se describiría mejor como “conceptos secretos”. Todas las tradiciones de jujutsu hacen luxaciones similares porque las articulaciones funcionan del mismo modo en todos los seres humanos. Así que no hay luxaciones nuevas. La manera de realizarlas es lo que diferencia los estilos. Los conceptos que se usan en la aplicación de las luxaciones son lo que importa. Estos aspectos son lo que hace una tradición diferente de otra. A menudo son estos los okuden.

Cuando vine a los Estados Unidos descubrí que muchas técnicas tradicionales sencillamente no eran aplicables a las realidades a las que se enfrentaban mis nuevos alumnos. Las técnicas de jujutsu en su forma original no estaban pensadas para afrontar esas situaciones modernas. Cuando empecé a enseñar, mis alumnos me empezaron a preguntar cómo me defendería de un boxeador, o de un karateka, y así sucesivamente. Al principio estaba sorprendido, porque no estaba seguro de tener las respuestas. Tuve que examinar esto cuidadosamente, y al final me di cuenta de que tenía las respuestas delante de mí. Estuve todo el tiempo centrado en las técnicas de jujutsu, cuando era en los conceptos de jujutsu donde se hallaba la solución. Las técnicas no importaban, porque lo que las guiaba eran los conceptos. Se podían desarrollar nuevas técnicas para enfrentar nuevas realidades, sin dejar de adherirse a los conceptos tradicionales que constituyen el núcleo del arte. Esto no sería abandonar el arte, sino dejar que el arte conservara su efectividad y relevancia en una nueva época, en una nueva generación.

¿Qué opinan de esto los instructores que mantienen un enfoque más clásico? Supongo que tendrán objeciones a su punto de vista.

Pueden tener sus opiniones, igual que yo puedo tener las mías. Realmente, no me preocupa lo que otros instructores puedan opinar, porque mi autoridad para enseñar no proviene de ellos. Mi autoridad para enseñar y para tomar las decisiones que he tomado proviene de mis instructores. Me preocupa mucho más el bienestar de mis alumnos y estar a la altura de las responsabilidades que se me han encomendado. Me siento a gusto con el hecho de que mis alumnos realmente pueden usar el arte que están estudiando. No se puede decir lo mismo de los alumnos de la mayoría de instructores que mantienen un enfoque clásico estricto.

Muchas ryu clásicas en Japón ya no son más que un baile bonito. Y es muy triste. No han adaptado sus técnicas para enfrentarse a situaciones actuales. Se aferran a formas anticuadas y, al hacerlo, a menudo descuidan los conceptos que forman el núcleo de una tradición en particular. Hay quienes pretenden preservar el arte exactamente tal y como era en tiempos antiguos. Esto es encomiable, pero habitualmente es un desacierto. Con muy pocas excepciones, ninguna escuela clásica actual refleja siquiera una fracción de la herencia técnica del arte tal y como se practicaba en eras pasadas. Es imposible para cualquier instructor transmitir el 100% de las tradiciones de un arte, y aún así muchas escuelas clásicas creen que el alumno tiene que hacerlo todo exactamente igual que el instructor para preservar el arte. Sin la adición del juicio, y experiencia del instructor y, sobre todo, de su innovación técnica, en unas pocas generaciones el arte no es más que una sombra de lo que fue. Sin plantearse las circunstancias modernas que puedan representar un reto a la efectividad de un arte, ésta se convierte en una pieza de museo, cuya única relevancia moderna es como curiosidad histórica. Hay que recordar que las ryu, tal y como existían en la era de las guerras civiles (sengoku jidai) constantemente estaban cambiando y adaptándose a las realidades que enfrentaban en el campo de batalla. Sólo cuando terminó este período se ralentizó la innovación. Muchas de las escuelas clásicas tal como se practican hoy son, en el mejor de los casos, reflejos de la forma en que funcionó la tradición durante un breve período de su existencia. No son un reflejo preciso de su contenido técnico a lo largo de toda su historia.

Los riesgos de una mentalidad clásica tienen muchos ejemplos en la historia que deberían hacernos detenernos a reflexionar. Katsuyori Takeda (1546-82, hijo de Shingen Takeda y daimyo del periodo Azuchi-Momoyama) se aferró neciamente a técnicas desfasadas para trabar combate en el campo de batalla, aún a sabiendas de que su efectividad estaba seriamente comprometida. Sus enemigos emplearon nuevas estrategias que implicaban una devastadora innovación técnica: el tanegashima (mosquete). Sus samurai fueron destrozados en sucesivas andanadas de fuego de mosquete por los soldados de a pie de Oda Nobunaga. Uno de los ejércitos más impresionantes de la historia de Japón fue eficazmente diezmado porque su líder fue incapaz de deshacerse de una estrategia que sabía que estaba en un compromiso por las nuevas circunstancias. Llevado por ideales románticos de hacer las cosas tal y cómo habían ido bien en el pasado, fue derrotado por su mentalidad tradicionalista. Esta estrategia desfasada y la incapacidad de Takeda de evolucionar ante la clamorosa evidencia de que tenía que cambiar, le costaron todo.

No permitiré que un defecto similar en técnica o mentalidad ponga en un compromiso la seguridad de mis alumnos. Mi abuelo subrayaba a menudo que mi jujutsu tenía que funcionar de verdad. Que tenía que convertirse en mi propio jujutsu. Y que algún día el jujutsu de mis alumnos tendrá que ser su jujutsu personal. Ese fue el legado que me dejó y será el legado que yo les deje, y que deje de él.

¿En que le resultó enseñar y aprender en occidente diferente de Japón?

Cuando llegué a Estados Unidos me di cuenta de que a la mente occidental no se le podía enseñar del mismo modo que a la mente japonesa. La situación en Estados Unidos era demasiado diferente. Los americanos son por naturaleza mucho más escépticos y suspicaces que los japoneses. La libertad de pensamiento occidental permite a un alumno examinar y cuestionarse las cosas de un modo que sería totalmente inapropiado en Japón. Y esto es bueno y malo.

Malo, porque puede llevar a un alumno a desechar una técnica o concepto sólo porque no le ha dedicado el tiempo suficiente para aprenderla correctamente o para sumergirse en sus secretos. Los estudiantes que caen en esta trampa jamás llegan a dominar la base. Con el tiempo, en su instrucción se encuentran muchos huecos, que quedaron por hacer caso omiso de lecciones importantes a las que el alumno decidió no dedicar tiempo porque no veía valor en ellas. Cuando encuentro un alumno así, normalmente no lo acepto. Es demasiado trabajo deshacer el daño hecho por esta mentalidad y por un sensei mediocre.

Y tiene de bueno que permite un flujo mucho mayor de información entre el alumno y el instructor. También permite un nivel de creatividad mucho mayor por parte del alumno. Alumnos con una base firme y libertad e pensamiento llegan muchísimo más lejos que siguiendo el modelo japonés tradicional.

Y, en teoría, en Japón se puede encontrar lo mejor de ambos mundos. Se llama “Shu Ha Ri” (literalmente, proteger la forma, romper la forma, distanciarse de la forma). Es un método teórico para la transmisión de cualquier escuela clásica. Sin embargo, creo que ha tenido poco éxito en la práctica. Históricamente, las circunstancias culturales en Japón no han fomentado la individualidad. De modo que mientras se establecen unos excelentes cimientos para el aprendizaje, la libertad creativa para edificar sobre ellos pocas veces se materializa. Y como prueba basta echar un vistazo a lo que ha pasado con el judo, o incluso con el sumo. Más innovadores, los extranjeros han dominado el judo. Los europeos y los coreanos lideran impresionantemente la innovación técnica en ese deporte. Y los extranjeros están empezando a recorrer el mismo camino con el sumo.

A veces Shu Ha Ri se aplica correctamente y un tradicionalismo innovador mantiene intactos los fundamentos prácticos y el núcleo de un arte. Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu es uno de los escasos ejemplos en el mundo de las artes marciales clásicas donde en mi opinión Shu Ha Ri ha tenido éxito.

Tengo entendido que es usted extremadamente selectivo respecto a quien acepta como alumno. ¿Qué criterios usa para seleccionar aun posible alumno?

La pregunta de cómo selecciono a un alumno es difícil de responder. Una gran parte de mi criterio se basa en la intuición o “kan no me wa tsuyoi”. Miro al alumno, le miro a los ojos y veo lo que hay. Si no siento y veo lo que busco, simplemente digo “no, gracias”. Soy muy receptivo al potencial de alguien para aprender. Tampoco me gusta desenseñar a mis alumnos. Prefiero un alumno con experiencia marcial previa, pero también con una mente totalmente abierta. Así que no es tanto que sea selectivo, sino más bien que muy pocos posibles alumnos tienen las cualidades apropiadas.

Observando sus clases, a algunos les podrían parecer inusitadamente violentas.

No creo que sea una observación precisa. El término “violento” para mí implica lesiones graves frecuentes. ¿Somos más realistas en el modo en que enfocamos la práctica? Debo reconocerlo. Cuando practicamos golpes, golpeamos muy fuerte. Si fallas en tu bloqueo o en tu técnica, te vas a llevar un buen golpe. Practicamos ataques no convencionales y los practicamos a una velocidad muy alta en comparación con la mayoría de dojo. Pretendemos infundir una cantidad más realista de estrés en nuestra práctica. El temor a recibir golpes fuertes a altas velocidades crea un estrés que simula la respuesta de miedo que se experimenta en un enfrentamiento real. Eliminar este tipo de práctica convierte el arte en una mera gimnasia de mantenimiento. No contribuye en nada a evitar lesiones. De hecho, la falsa sensación de seguridad que existe en muchos dojo lleva a una actitud descuidada y eso aumenta las lesiones. Con una disposición negligente un alumno relaja su conciencia del entorno. Baja su guardia y se lesiona. Si quieres ver un montón de lesiones, ve a algunos dojo de aikido. A menudo la gente se lesiona porque no se siente amenazada en ese entorno armonioso. En mi dojo las técnicas no son armoniosas, son amenazadoras. Algunos instructores de aikido lo enseñan como arte marcial y otros no. Esto me parece bien siempre y cuando el instructor sea sincero con sus alumnos respecto al objetivo de su enseñanza. Algunos instructores pretenden estar enseñando un arte marcial cuando en realidad no lo están haciendo. Y creo que este es un gran error. Otros instructores de aikido enseñan el arte como una disciplina puramente espiritual y son sinceros respecto a eso con sus alumnos. Y me parece perfecto. El aikido como actividad espiritual es algo honorable y pienso que ese era el propósito de Ueshiba sensei. Pero los aspectos espirituales del arte tienen más probabilidades de manifestarse cuando se enseña como arte marcial. Las artes marciales son una gran responsabilidad. La capacidad marcial es un instrumento que permite que la disciplina espiritual se desarrolle y haga prodigios en el alma. El corazón y la mente deben enfrentarse a demonios y triunfar para hallar la iluminación. Sin un desafío, el carácter nunca es puesto a prueba, y nunca madura. Por eso el shugyo (disciplina ascética) es tan importante.

Algunos instructores de aikido hablan mucho de la no-violencia, pero hay algo que no entienden. Un pacifista no es realmente un pacifista si no tiene la posibilidad de escoger entre la violencia y la no-violencia. Un verdadero pacifista tiene la capacidad de matar o dejar tullido en un parpadeo, pero en el momento de la destrucción del enemigo escoge la no-violencia. Escoge la paz. Pero tiene que tener la posibilidad de escoger. Tiene que tener realmente capacidad para destrozar a su enemigo y escoger no hacerlo. A menudo he oído como excusa “Escogí ser un pacifista antes de aprender las técnicas, así que no tengo que aprender el poder de la destrucción”. Esto demuestra una falta de comprensión de la mentalidad de un auténtico guerrero. No es más que una racionalización para ocultar el temor a las lesiones o a un entrenamiento riguroso. El verdadero guerrero que escoge ser un pacifista está dispuesto a mantenerse firme y morir por sus principios. Los que se hacen llamar pacifistas y racionalizan para evitarse el entrenamiento duro o las lesiones huirían en vez de mantener la posición y morir por sus principios. No son más que cobardes. Sólo un guerrero que ha templado su espíritu en el conflicto y que se ha enfrentado a sí mismo y a sus mayores temores puede en mi opinión- escoger ser un auténtico pacifista.

Hace años vi a un instructor de aikido llamado Tadashi Abe en Francia. Era un auténtico guerrero en todos los aspectos. Era un gran ejemplo de un hombre con el espíritu marcial flameando en su vientre a la vez que el espíritu de la armonía se mostraba en sus ojos. Era un verdadero orgullo para el legado espiritual y técnico de Ueshiba sensei. ¡Era cien por cien samurai!

Sus reflexiones sobre este tema me parecen fascinantes. ¿Querría hablar un poco más de ello?

El término “artes marciales” se usa mucho sin tener idea de lo que implica. Marcial se refiere a la guerra o al conflicto. En un dojo de artes marciales nos preparamos para el conflicto. Sin conflicto físico y psicológico no hay nada “marcial” en “arte marcial”. Para superar el miedo hay que confrontarlo y experimentarlo. El miedo debe formar parte de tu experiencia vital. Valorar el miedo y reaccionar apropiadamente ante el miedo son los signos distintivos de un artista marcial maduro. ¿No son tus compañeros de dojo y tu sensei las personas en las que querrías confiar para aprender a enfrentar tus miedos? En un dojo de verdad lo son.

Recuerda que la mayoría de los que se hacen llamar artistas marciales no lo son en absoluto. La mayoría de dojo no son dojo de artes marciales, tampoco. Son clubes sociales glorificados que sacan partido de un ambiente de estimulación emocional, potenciado mediante una percepción del peligro falsa o extremadamente limitada. Cuando un peligro real aparece en un dojo así, los participantes corren a esconderse. En un dojo de verdad los participantes corren hacia el conflicto.

Sensei, ¿qué opina de los conceptos de tori y uke en la práctica de artes marciales?

En Shindo Yoshin-ryu no usamos mucho los términos tori y uke, pero los conceptos son los mismos. Por tori usted quiere decir la persona que ejecuta la técnica, y por uke la persona que la recibe. Estos términos son habituales en el budo moderno, pero no tanto en el bujutsu tradicional. En las artes modernas, el instructor normalmente demuestra una técnica en un alumno que hace de uke. Si bien hay veces en que esto se hace así en bujutsu, normalmente es al revés. El instructor solo demuestra la técnica cuando los alumnos son principiantes o cuando no conocen esa técnica. A continuación, los estudiantes más experimentados se la hacen al instructor. Al final, todos los alumnos se la hacen al instructor. El alumno le hace la técnica al instructor para que éste pueda sentir lo que el ojo no ve. El instructor siente un error antes de que se convierta en un hábito. El instructor siente también el ánimo del alumno en su técnica. Y la técnica se convierte en una ventana al corazón del instructor, que deja que le proyecten. Esto es una demostración de la humildad del corazón del instructor. Y eso es muy importante. Cuidado con los instructores que nunca dejan que los proyectes. Si un instructor nunca cae no es un instructor, es un impostor. Los alumnos no son meros cuerpos que el instructor usa para demostrar o para lucirse. Los alumnos son la razón misma de la existencia del instructor. Sin alumnos no hay instructor. Es lamentable que no veamos más instructores haciendo ukemi en las artes marciales modernas, especialmente en aquellas que promulgan dedicarse a la práctica espiritual. A menudo una pretendida espiritualidad es una hermosa fachada que oculta un corazón corrupto bajo ella. La verdadera iluminación no se manifiesta en técnicas rocambolescas, un discurso florido o dogmatismo espiritual, sino que se muestra en la mirada clara del instructor y en la mirada respetuosa del alumno que mira al profesor. Fíjate y lo verás.

¿Y qué hay del sistema sempai (veterano) y kohai (novel) en las artes marciales?

Son otros términos que tampoco usamos en Shindo Yoshin-ryu. Son más habituales en artes marciales modernas. De hecho, son conceptos más bien recientes utilizados como instrumento para imponer disciplina en grupos grandes de reclutas militares. En dojo de karate con una disciplina de tipo militar, este sistema se suele imponer de modos que rayan la crueldad. Incluso he visto la imposición del sistema sempai-kohai llevado a extremos perjudiciales en algunos dojo de aikido. En el ejército, puede resultar positivo mostrar claramente cuál es la cadena de mando y asegurar una mentalidad de grupo unificada, pero recordemos que los samurai no eran un ejército reclutado mediante levas. La dinámica de grupo de un clan samurai era muy diferente a la de un ejército moderno. Lo mismo se puede decir de un dojo de bujutsu: no es el ejército. ¿Necesitamos ese tipo de sistema en un dojo? ¡No en el mío! No necesito ladrarles “¡Uus!” a mis alumnos, ni pretendo que me respondan todos a la vez gritando. De hecho, eso no es muy útil en un dojo de bujutsu auténtico. La instrucción y la responsabilidad de los alumnos está mucho más personalizada. ¿Hay algún tipo de jerarquía visible en un dojo de Takamura-ha bujutsu? Sí y no. No tenemos ni rangos ni uniformes distintos que demuestren la veteranía. Y a nadie se le pide que haga cosas que yo mismo o el resto de instructores no hagamos habitualmente.

En el dojo, nos ponemos en línea según la experiencia y las licencias recibidas. Si vienes a alguno de nuestros dojo rápidamente te darás cuenta de quien es más veterano y quien es más nuevo sin necesitar que haya un instructor ladrando órdenes o sin tener que fijarte en quien limpia los servicios. Ladrar órdenes a reclutas en el ejército puede tener algún objetivo útil, pero yo preparo a mis alumnos para ser líderes pensantes, no seguidores ardientes.

¿Querría darnos su punto de vista sobre el popular Gracie jujutsu?

Como todo, tiene cosas buenas y malas. Hay que tener presente que el jujutsu Gracie es muy diferente del jujutsu de antaño. Aunque no me supone un problema que se llame jujutsu, realmente es mucho más parecido al judo de la primera época. Han sido bastante efectivos ¿no es cierto? Si bien el sistema parece principalmente un arte de ring, admiro la eficacia con la que aplican estrategias y tácticas de jujutsu. También admiro la honorabilidad con que se conducen los Gracie. Me gustaría mucho poder conocer a Helio Gracie. Al igual que Tadashi Abe tiene fuego en el vientre y armonía en los ojos. Ha enseñado a sus hijos a comportarse con corrección. Cuando asisten a los torneos llevan un sencillo gi blanco. No llevan disfraces espectaculares ni atrezzo estúpido para dar carnaza a la televisión. Es tan absurdo… Las competiciones marciales son algo muy serio. Los Gracie se comportan con honor, que es algo que han aprendido de su padre y sensei.

Desgraciadamente, me parece que la impresión que se está llevando el público del jujutsu y de las artes marciales en estos campeonatos es bastante bárbara. Muchos de los demás participantes en esos torneos no son auténticos artistas marciales. No tienen ningún concepto del honor ni de la dignidad. Ojalá los Gracie hubieran llevado estas competiciones de modo más privado. Haciéndolas públicas han atraído a hombres de carácter dudoso que glorifican la violencia y se comportan como maniáticos ególatras. Este tipo de ambiente es uno de los elementos que llevó a Jigoro Kano a fundar el judo. La violencia es una realidad grave que debe enfrentarse con la mayor seriedad. Sólo un carácter forjado en el duro yunque del shugyo puede sobrevivir y superar el mal de una violencia desatada, de la que la sociedad occidental está infectada. Los individuos que en estos torneos se comportan sin ninguna idea del honor ni de la dignidad no hacen más que aumentar el daño.

Creo que tiene una opinión formada sobre los no-japoneses que adoptan hábitos y maneras japonesas y los llevan al extremo. Me gustaría mucho oírla, porque he conocido a muchos de estos individuos a lo largo de los años

Estos personajes a los que se refiere son individuos muy peculiares. Es como si se avergonzaran de ser lo que son. Quizás tengan ganas de ser japoneses. O quizás quieren parecer japoneses para que les tomen más en serio en el mundo de las artes marciales. Esto puede funcionar con algunos occidentales, pero los japoneses siempre los van a mirar con desconfianza. ¿Qué tiene de malo ser estadounidense, ingles o sueco? Uno de mis alumnos da clases y tiene un hermoso dojo tradicional, con su jardín japonés y todo, pero sigue comportándose con normalidad. Es de Tejas, así que lleva botas vaqueras y pantalones tejanos, no kimono y geta. ¡Eso sería chocante en Tejas! Hace años mi alumno David Maynard y yo conocimos en un festival en San Diego a un instructor americano de kenjutsu que parecía más japonés que un japonés. Este instructor ni siquiera había pasado mucho tiempo practicando en Japón. A nosotros nos hizo muchísima gracia, era como estar en el teatro y ver a alguien que no interpreta bien su papel. Este hombre se trajo sus propios palillos para comer al festival. Siempre recordaré la cara horrorizada de los japoneses que se encargaban de la comida. Traer sus propios palillos le puede haber parecido muy “japonés” a él, pero para los japoneses parecía que no se fiaba de que los palillos que le daban estuvieran limpios. Esto dio una impresión muy mala a muchos, y fue bastante embarazoso, especialmente para Dave, porque él también era un americano que iba a hacer una demostración de kenjutsu ante un público mayoritariamente japonés. El resumen de todo esto es que tienes que ser tú mismo. Las artes marciales son suficientemente difíciles de por sí sin tener además que esforzarse en ser algo o alguien que no eres.

Otra equivocación frecuente es que uno tiene que ir al Japón si quiere instrucción de artes marciales “real”. Esta idea me resulta muy extraña. ¿Qué tiene que ver hoy en día la tierra bajo las baldosas con la calidad de la instrucción en un dojo de artes marciales? Algunos que han pasado tiempo practicando en el Japón refuerzan esta idea escribiendo imaginativos artículos en revistas o libros donde relatan los misteriosos secretos que se pueden encontrar allí. Otros sostienen que sólo sumergiéndose en la cultura que originariamente dio a luz al arte podrá uno llegar a comprender verdaderamente su esencia y espíritu. Estos individuos tienen todo el derecho a expresar sus opiniones, pero yo no estoy de acuerdo. Yo nací en Japón, me crié en la cultura pre-Segunda Guerra mundial del Japón, en una familia ligada durante generaciones a muchas artes marciales. Posteriormente he vivido muchos años en Europa, Estados Unidos y otra vez en Japón. Creo que algunos de estos japonófilos son practicantes de artes marciales sinceros y bienintencionados que se han dejado llevar por una idea romántica que tienen del Japón y sus tradiciones marciales. Pero creo que otros son “esnobs nipones”. Piensan que por hacer el gran sacrificio (no discuto que lo sea) de trasladarse al Japón y sobrevivir a las dificultades relacionadas con la instrucción allí, son practicantes superiores que han recibido una instrucción superior a la de sus amigos que viven y practican budo o bujutsu fuera del Japón. Si su instrucción ha sido superior, ha sido el sensei el que ha sido superior, no la tierra bajo el suelo del dojo. Hoy en día hay muchos sensei superiores fuera de Japón y muchos inferiores en Japón mismo.

Poder practicar en Japón no compensa un mal instructor. Estudia con un buen instructor fuera. ¿Para qué irse al Japón para estudiar con un mal instructor? Y, por otra parte, pretender que el Japón moderno, post-Segunda Guerra Mundial, de hoy tiene alguna semblanza cultural significativa con el Japón de la era feudal, supone no querer ver unos cuantos hechos obvios. Esto es especialmente cierto en el caso de los bujutsu o koryu más clásicos. El argumento de la relevancia cultural no me convence. Durante mi propia vida he visto cambios increíbles en la cultura del Japón. El Japón feudal de antaño murió hace mucho tiempo. La cultura de las tradiciones marciales clásicas estaba tan directamente ligada a la era feudal, que el fin de esta era supuso también el fin de la cultura que dio a luz las artes clásicas. Es un simple hecho histórico.

¿Qué queda en la cultura no violenta del Japón moderno que tenga una relevancia significativa en lo que se refiere a la práctica de artes marciales clásicas o modernas, en comparación con una cultura occidental más proclive a la violencia? El idioma tal vez suponga una ventaja, al igual que la etiqueta. Pero ambos se pueden aprender bien fuera del Japón. En una sociedad occidental más proclive a la violencia uno puede tener que practicar con la conciencia de que puede llegar a tener que usar el arte que estudia para salvar una vida. Tomar conciencia de este triste hecho vale mucho. En el Japón, a pesar de toda la cháchara filosófica de prepararse para morir, nadie piensa realmente que de camino a casa pueden ser víctimas de un ataque y tal vez morir.

Darme cuenta de que los delitos con violencia realmente existían en occidente fue un gran shock cuando vine a Estados Unidos. Cambió totalmente mi impresión del estudiante de bujutsu que practica en el Japón moderno comparándolo con el estudiante que practica en occidente.

Si tuviera que dar solo un consejo a alguien que busque un instructor de artes marciales, ¿qué le diría?

Todo el mundo busca un maestro o un gurú en occidente, pero se ha abusado tanto de la palabra “maestro” que ha perdido su significado, muy parecido a lo que ha pasado con un cinturón negro hoy en día, que ha perdido su significado. Un maestro auténtico es casi imposible de encontrar porque no es fácil de reconocer. Es mucho más que un instructor. Los buenos instructores se esfuerzan para llegar a ser maestros, pero sólo uno de cada cien mil lo consiguen. Sólo hay un puñado de auténticos maestros en todo el mundo. ¡Es curioso que todos acaben en las Páginas Amarillas de San Francisco!

Siempre digo esta frase, y no es modificable ni condicional: “Cualquiera que se diga maestro o deje que sus alumnos le llamen ‘maestro’ en su presencia no es un maestro”. A veces puede ser un instructor bienintencionado que confunde la definición de la palabra, pero la mayoría de las veces es un narcisista llevado por el ego que busca que le idolatren. Tendrá muy poco que enseñar, porque habrá muy poco espacio en su corazón para sus alumnos. En lugar de buscar un maestro, busca un buen instructor que tenga sentido del humor, especialmente si conduce un coche destartalado (riéndose, mientras señala su viejo Toyota). Mi viejo amigo y sensei Matsuhiro Namishiro solía decir “Tiene que haber muchas sonrisas en el camino, o el viaje no merece la pena”. Y tenía toda la razón.

[La entrevista anterior combina respuestas a preguntas compiladas por Marco Ruiz y David Maynard en 1988 y una serie de e-mail intercambiados entre Takamura Sensei y el editor en jefe de “Aikido Journal” Stanley Pranin entre enero y abril de 1999. La versión en castellano ha sido realizada por Sergi Recio y Iosune Salinas]