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Entrevista con Koichi Tohei (1)

por Stanley Pranin

Aikido Journal #107 (1996)

Traducido por roberto vidales ibarra (México Aikido)

El aikido ha crecido de manera explosiva después de la Segunda Guerra Mundial. Koichi Tohei, un distinguido contribuidor a este desarrollo, es quizá uno de los más calificados para hablar acerca de la historia del aikido. La mayoría de los shihan activos actualmente en el mundo —aún aquellos con 7º dan o un grado mayor— fueron instruidos, en algún momento, por Tohei.

Sintiendo con fuerza que las futuras generaciones decidirán su propio destino, Tohei ha escogido hablar muy poco a lo largo de los años. Después de un largo periodo al fin, bajo la condición de que presentemos las actividades y el pensamiento de su organización tal y como son, el maestro Tohei ha aceptado esta entrevista exclusiva con Aikido Journal.

Siendo el único discípulo de Morihei Ueshiba en ser oficialmente reconocido décimo dan, y siendo también una figura de importancia central en el mundo del aikido de la post-guerra, Tohei ha tomado la oportunidad de hablarnos con franqueza acerca de sus puntos de vista y sus experiencias.

Los principios del Cielo y la Tierra y mi enfoque de la vida

Maestro, háblenos acerca de su enfoque de la vida

Conforme nos acercamos al siglo veintiuno, el mundo en el que vivimos se está volviendo cada vez más relativo. Puesto que existe adelante, también existe atrás. Debido a que existe arriba, también hay abajo. Dentro de este mundo relativista nada es absoluto en su corrección. No es posible, por ejemplo, que el norte sea correcto mientras el sur no lo sea. Ambos son simples “hechos”.

El único modo seguro de estar absolutamente en lo correcto es evitar ser atrapado en el torbellino de estos llamados hechos del mundo relativista y, en vez de ello, estar de acuerdo con los principios absolutos del Cielo y la Tierra. A la hora de establecer criterios de juicio, aquello que esté de acuerdo con los principios del Cielo y la Tierra es correcto, mientras que lo que no sea acorde con ellos es incorrecto.

La acción decisiva nace de una comprensión de aquello que está de acuerdo con los principios absolutos del Cielo y la Tierra. Una falta de comprensión en esto conduce al “esfuerzo irracional” o muri, cuya traducción literal es “falta de principio”, por lo cual debe ser evitado. Ésta siempre ha sido mi manera de pensar y la razón por la cual he evitado escrupulosamente actuar de maneras que implican un esfuerzo irracional o que van en contra de estos principios.

El aikido es esencialmente un camino para estar de acuerdo con el ki del Cielo y la Tierra. Muchos de los que están involucrados en el budo, sin embargo, tienden a hablar acerca de asuntos que son ilógicos o que implican un esfuerzo irracional, cosas que son imposibles. Pero mi forma de vivir es evitar hacer todo aquello que no esté de acuerdo con los principios.

Grandes cuentos y realidad: Lo que realmente aprendí del maestro Morihei

¿Qué fue lo más importante que aprendió usted de Morihei Ueshiba?

La manera en la que la mayoría de la gente habla acerca del ki en estos días tiende hacia el ocultismo, pero debo decir que yo no he hecho cosa alguna, ni remotamente, que involucre lo oculto. Por otro lado, mucho de lo que comentaba el maestro Ueshiba sonaba parecido a lo oculto.

En todo caso, empecé a estudiar aikido puesto que vi que el maestro Ueshiba en verdad había dominado el arte de la relajación. Era gracias a que estaba relajado, de hecho, que podía generar mucho poder. Me volví su estudiante con la intensión de aprender esto de él. Para ser honesto, nunca escuché realmente a la mayor parte de los otros temas que abordaba.

Las historias acerca del maestro Ueshiba narrando que se movía de forma instantánea o que sacaba árboles de pino de la tierra, jalándolos, para luego blandirlos por los aires son sólo grandes cuentos. Siempre exhortaba yo a la gente del aikido a que evitara escribir asuntos semejantes. Desafortunadamente mucha gente parece no escuchar. En vez de ello, sólo disminuyen el tamaño del árbol en la historia, de un ser gigantesco a uno de unos diez centímetros de diámetro. En realidad resulta muy difícil extraer del suelo, jalándola, a una simple raíz de bardana(1), así que ¿cómo es posible que alguien pueda extraer un árbol de pino de diez centímetros de diámetro, en especial cuando se sostiene de su sistema de raíces? Estas no son más que exageraciones, como las que se emplean en los cuentos antiguos.

Las narraciones se han vuelto increíbles desde que el maestro Ueshiba falleció, y ahora hay gente que lo muestra moviéndose de manera instantánea o reapareciendo de repente desde un kilómetro de distancia y otras cosas sin sentido. Yo estuve con el maestro Ueshiba por un largo periodo y puedo decirles que no poseía poderes sobrenaturales.

Maestro, se ve usted en muy buena salud para ser un hombre que ha llegado a los 76 años. ¿Ha sido éste siempre el caso?

En realidad yo era un niño frágil. Mi padre decía que yo necesitaba volverme más fuerte y me hizo practicar judo, que él mismo había practicado en la Universidad Keio. Entrené duro y, con el tiempo, me hice más fuerte, pero después de ingresar al programa pre-universitario en Keio un ataque de pleuresía me forzó a tomar un año de descanso. Mi fuerza, conseguida con gran dificultad, de pronto comenzaba a desvanecerse de nuevo.

Incapaz de soportar el pensamiento de perder lo que había logrado con tanto trabajo, reemplacé el judo con otras formas de entrenamiento, como el zazen (meditación Zen sentada) y misogi (práctica de purificación). Hice el voto de no permitir que mi fuerza se deteriorara de nuevo, aún cuando esto me implicara morir. El preocuparme por mi salud y vivir como un semi-inválido no me hacía ningún bien para recuperar mi salud, así que dije: “al diablo con esto”, mejor me meto de lleno al entrenamiento, aunque esto me cueste la vida. El aikido también era parte de ese entrenamiento. Me concentré en mantenerme fuerte, y en algún punto del camino los rayos X mostraron que la pleuresía se había ido por completo. De manera sorprendente me había mejorado.

Aunque las ideas eran en cierta forma vagas en aquella época, tenía la sensación de que eran mi mente y mi espíritu (kokoro) los que habían motivado a mi cuerpo. Me di cuenta de que la manera en que uno mantiene su mente es importante. La enfermedad física es aceptable (aunque no deseable), pero es inadmisible permitir que la enfermedad se extienda hasta tu mente o tu ki.

En japonés se le llama yamai o byo al estado en el cual el cuerpo no funciona bien de alguna manera, lo cual significa simplemente “enfermedad”; pero cuando la falla se extiende también hacia el ki de uno mismo, le llamamos byoki. De modo que, aunque mi cuerpo pueda verse afligido con algún tipo de malestar, no permito que esto se extienda hasta mi ki. Si la mente está saludable, el cuerpo le seguirá.

Después de mi recuperación regresé al club de judo, pero no pude volver a entrenar con el entusiasmo con el que antes lo hacía. Una razón fue que el judo inevitablemente enfatiza el acondicionamiento del cuerpo antes de abordar asuntos de la mente. Mi pensamiento, sin embargo, era que la mente mueve al cuerpo, y que cualquier cosa que pienses en tu mente podrás ser capaz de realizar también con tu cuerpo.

Además, luego de haberme alejado del judo por dos años, para cuando había obtenido mi segundo dan, todos los demás ya habían recibido el cuarto o quinto dan. Más aún, muchos de los que poseían el tercer dan habían progresado tan delante de mí que me podían aventar por todos lados. Aquello no resultaba muy interesante ni era tampoco muy divertido.

Con la esperanza de fortalecerme, regresé a casa y comencé a golpear ligeramente a los pilares que servían de soporte alrededor de la casa. Pero después de hacerlo unas dos mil veces al día, las paredes empezaron a caerse. A mi hermana mayor no le gustaba mucho esto y me hizo salir a practicar al jardín. Después de algunas semanas podía mover mis pies con la misma agilidad y destreza con la que movía las manos. Regresé al dojo y fui capaz de aventar a todos.

Encuentro con Morihei Ueshiba

¿Cuándo entró usted al dojo de Ueshiba?

Creo que fue en 1940. Kisaburo Osawa ingresó como una semana después. Estaba pensando lo pobre que era la situación en la que yo podía entrenar por mí mismo durante un par de semanas y regresar y ser capaz de aventar a todos en el dojo de judo. “¿Porqué preocuparme de un arte marcial como ese?”, pensé. Fue entonces que me encontré con el maestro Ueshiba. Shohei Mori, uno de mis compañeros avanzados en el club de judo que había trabajado en el Tren de Manchuria, me contó acerca de un maestro que poseía una fuerza fenomenal y me preguntó que si me interesaba conocerlo. Me dio una carta de presentación y fui a verlo.

Tohei con el fundador del aikido, Morihei
Ueshiba, en 1953 (Tomado de Aikido:
The Arts of Self-Defense – Aikido: las artes de la auto-defensa
)

El maestro Ueshiba había salido cuando llegué al dojo, y me encontré con un uchideshi llamado Matsumoto. Le pregunté de qué se trataba el aikido. Me respondió: “Dame tu mano y te mostraré”. Yo sabía que iba a hacerme algún movimiento, así que le presenté la mano izquierda en vez de la derecha. Siendo yo derecho, quería conservar mi mano más fuerte como reserva. El tomó mi muñeca y le aplicó una fuerte técnica de nikyo. Yo no había fortalecido aquella parte de mi cuerpo en lo absoluto, así que fue agonizante. Estoy seguro que mi cara se puso pálida, pero no estaba dispuesto a que él tomara lo mejor de mí, así que soporté el dolor lo mejor que pude. Entonces le solté un puñetazo con mi mano derecha; él se puso nervioso y me liberó.

Ya estaba yo comenzando a pensar que si esto era el aikido bien podía olvidarlo e ir a casa. Justo entonces regresó el maestro Ueshiba. Le mostré mi carta de presentación y él dijo: “Ah sí, del señor Mori…”. Entonces, como una demostración, comenzó a lanzar a uno de los uchideshi más grandes por todo el dojo.

Yo pensaba que aquello era una farsa hasta que el maestro Ueshiba me solicitó que me quitara el abrigo y fuera hacia él. Yo me puse en una posición de judo y me moví para agarrarlo. Para mi gran sorpresa, él me lanzó tan suave y rápido que no pude ni siquiera darme cuenta qué había pasado. Supe en ese momento que esto era lo que yo quería hacer. Solicité permiso para ingresar de inmediato y comencé a ir al dojo diario, desde la mañana siguiente.

El entrenamiento me pareció muy extraño y misterioso, y me moría por saber cómo eran ejecutadas las técnicas. Cuando alguien usa poder para lanzarte, siempre existe algo que puedas hacer para reaccionar o contraatacar. Pero es una historia diferente cuando la persona no está haciendo cosa alguna en particular y tú estas siendo proyectado de todas maneras. Pensé: “Wow, esto es verdaderamente bueno”.

Al principio yo no tenía idea de lo que pasaba. Aún los estudiantes de secundaria podían proyectarme sin problema alguno. Esto me resultó muy extraño, por lo cual traté de agarrar con más fuerza, pero entonces yo era lanzado con más facilidad.

Tohei en Hawaii, hacia el año de 1953

Paralelamente, continuaba mi entrenamiento en el Ichikukai (ver la entrevista con Hiroshi Tada en AJ101 para más información). Solía quedarme allí toda la noche y practicar zazen y misogi. El entrenamiento se enfocaba en adquirir un tipo de estado de iluminación en el cual el cuerpo y la mente se volvieran completamente libres de restricciones. Era exhaustivo, y después de esto me iba corriendo a la práctica de aikido, ya muerto de cansancio. Para mi sorpresa, encontré que, en ese estado, las personas que antes siempre podían moverme ¡ahora eran completamente incapaces de hacerlo! Y además a mí no me costaba mucho esfuerzo proyectarlas. Todos pensaban que esto era extraño y se mantenían diciendo cosas como: “¿Qué pasa con Tohei? ¡Falta a la clase y regresa más fuerte que nunca!”.

Le resulta mucho más difícil a una persona proyectarte si tu sueltas el poder, y también es para ti mucho más fácil lanzar a tu oponente. Pensé en el maestro Ueshiba y me di cuenta que él en realidad estaba relajado cuando efectuaba su aikido. Fue entonces que, de repente, comprendí el verdadero significado de la “relajación”.

Mi aikido iba progresando mientras continuaba practicando misogi y zazen. Después de unos seis meses hasta me enviaban a enseñar a lugares como la Academia de Policía Militarizada en Nakano y la escuela privada (juku) de Shumei Okawa. Nadie, excepto el maestro Ueshiba, podía proyectarme. Me tomó solo medio año alcanzar ese grado de habilidad, así que pienso que cinco o seis años es demasiado lento.

Aún hoy la mayoría de las personas tratan con mucho empeño de aprender técnicas, pero yo estaba aprendiendo acerca del ki desde el principio.

¿Cuándo piensas que el maestro Ueshiba logró dominar el “arte de la relajación”?

Creo que fue probablemente cuando estaba viviendo en Ayabe y se encontraba fuertemente involucrado en la religión Omoto. El maestro Ueshiba con frecuencia narraba una historia acerca de un día cuando estaba parado junto a un pozo limpiándose después de entrenar y de pronto se dio cuenta que su cuerpo se había vuelto perfecto e invencible. Comprendió con bastante claridad el significado del sonido de los pájaros e insectos, y de todo lo demás que le rodeaba. Parece ser que dicha experiencia duró sólo por unos cinco minutos, pero creo que fue entonces cuando logró dominar el arte de la relajación.

Desafortunadamente él siempre hablaba acerca de dicha experiencia empleando expresiones de tipo religioso, que resultaban más o menos incomprensibles para los demás.

Antes de la guerra el maestro enseñó en el Colegio del Personal Naval, donde tuvo al príncipe Takamatsu —un hermano menor del emperador Showa— como uno de sus estudiantes. En una ocasión el príncipe apuntó hacia el maestro Ueshiba y dijo: “Intenta levantar a ese anciano”. Cuatro fuertes marinos hicieron su mejor esfuerzo por levantarlo pero no pudieron.

El maestro decía de aquel momento: “Todos los espíritus divinos del Cielo y de la Tierra entraron en mi cuerpo y yo me volví tan inamovible como una pesada roca”. Todos lo tomaban de manera literal y lo creían. Yo le oí decir este tipo de cosas cientos de veces.

Por mi parte, nunca he tenido la experiencia de seres divinos entrando en mi cuerpo. Nunca doy mucho crédito a ese tipo de explicaciones ilógicas.

En una ocasión en que estaba con el maestro en Hawaii, hubo una demostración en la que dos fuertes estudiantes hawaianos se suponía que iban a tratar de levantarme. Ellos ya sabían que no podían hacerlo, así que no lo pensaban mucho. Pero el maestro, quien estaba parado a un costado, dijo: “¡Deténganse, ustedes pueden levantar a Tohei, pueden levantarlo! ¡Alto, haz que se detengan!, ¡Esta demostración no es buena!”.

Tohei en una demostración en Hawaii,
al poco tiempo de su llegada

Verás, yo había salido a tomar unas copas hasta las tres de la mañana la noche anterior, y el maestro sabía en qué condiciones había regresado a casa. Dijo: “¡Claro que los dioses no van a entrar dentro de un borracho como tú! ¡Si lo hicieran todos se pondrían alegres!”. Esa fue la razón por la que pensó que ellos serían capaces de levantarme.

En realidad este tipo de cosas no tiene nada que ver con dioses o espíritus. Es sólo cuestión de tener un centro de gravedad bajo. Yo lo se y es lo que yo le enseño a todos mis estudiantes. No tendría valor si únicamente ciertas personas especiales lo pudieran hacer. Cosas como éstas deben ser accesibles a cualquier persona para que en verdad puedan tener algún valor.

Las personas que tienen los llamados “poderes sobrenaturales” suelen ser los únicos que pueden efectuar lo que sea que ellos proclaman hacer. Los demás no pueden realizar lo que ellos hacen y tampoco pueden éstos últimos enseñarlo, puesto que lo que efectúan no es real, es falso. Cualquiera puede llevar a cabo las cosas que yo enseño. Están vivas en las técnicas del aikido tal como son. Todo lo que necesitas es conocer cómo ejecutarlas de manera correcta. Considerarlas como poderes sobrenaturales, que requieren la presencia de alguna divinidad o de las cualidades que tú posees, es un gran error. Creo que es mi responsabilidad enseñar de manera correcta.

Enseñando a los militares de EUA

La personalidad de Morihei Ueshiba

¿Había alguna personal notable en el dojo allá por 1940 o 1941, alguien quien después lograra ser famoso por sí mismo?

No había alguien así cuando yo empecé a acudir al dojo. No había estudiantes y apenas habían uchideshi.

¿Cuáles fueron tus impresiones más fuertes del maestro Ueshiba?

Me parecía un anciano agradable. Sonriente, ya sabes. En muchos sentidos tenía una personalidad muy infantil.

Tenemos bastantes documentos acerca de O-Sensei, pero nos resulta aún difícil tener una idea de él en su vida cotidiana. ¿Hablaba acerca de asuntos ordinarios, cuestiones de todos los días? De las grabaciones que poseemos de él hablando, parece casi que provenía de otro planeta.

Sí, se a lo que te refieres. Él en verdad hablaba de esa manera.

He escuchado que en ocasiones de repente llegaba a explotar en cólera.

Sí, eso ocurría con frecuencia. Sin embargo era amable con las mujeres. Nunca lo vi enojarse con una mujer. Es curioso que su enojo nunca estaba específicamente dirigido hacia la persona con quien se supondría que se molestara. Era como si sólo estuviera furioso por sí mismo, incapaz e indispuesto a dirigir su enojo hacia su objetivo.

En una ocasión un joven estudiante llamado Kurita se dio cuenta que el maestro se había movido un poco en su silla y se acercó para arreglársela. El maestro explotó contra él, y exigió saber qué estaba haciendo. El pobre muchacho no tenía idea de lo que estaba sucediendo hasta que yo le expliqué que el maestro había confundido su acción con algún tipo de travesura.

¿Cuál fue la actitud de O-Sensei cuando comenzaste a basar tu enseñanza alrededor de los principios del ki?

Él estaba celoso y le decía a la gente que no me hicieran caso. Decía: “el aikido es mío, no de Tohei. No hagan caso a lo que dice Tohei”. Observaba inspeccionando en el dojo y decía cosas como esas, en especial cuando yo le enseñaba a un grupo de mujeres. En ese sentido era un poco infantil en su franqueza y falta de sofisticación: era muy espontáneo e inocente.

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